Thursday, August 30, 2007

A mitad de la noche me despierta una luz, tu nombre Luz
imagino mis labios húmedos sobre tus hombros, y veo tus ojos abiertos brillando como luciérnagas solitarias, detenidas en las horas insomnes.
El silencio se desdobla. Serpentea.
Escucho un llanto. El mío.
Otro, es tu silencio.
--sbc

Wednesday, August 29, 2007

A pesar de todo. A pesar de que hayan transcurrido cinco años de separación entre lo que fuimos y ya no somos. A pesar de que estés a cientos de kilómetros de distancia. A pesar de que en un mail me anunciaras tu nueva condición civil: "por cierto, me casé". A pesar de que ya no seas más LMJ y ahora, simplemente la señora A. Sin duda, una mujer diferente a quien no conozco. A pesar de que me compartas las fotografías digitales de tu último verano en las montañas. Vistas magníficas de una zona rocosa. Un lago. Seguro no faltó la fogata nocturna al lado de tu marido enamorado y tu hijo. A pesar de todo, sí, a pesar de que la lluvia de estos días me devuelva tu rostro en cada mujer que cruza mi camino. A pesar de detener los pasos y mirar de frente, ninguna de ellas es LMJ. Ninguna tiene esa mirada triunfante. Azul. A pesar de todo, sí, agosto nace contigo y no a la inversa. Agosto también termina con la luz cegadora de tu cuerpo desnudo. Perfecto. A pesar de todo, sí, desearía regresar el tiempo, las horas. Las horas en que no escuché tu voz, dejé acariciarme por tu lectura tortuosa Small Female Skull hasta que la cinta se estropeó. Las horas en que reconstruí tu pasado leí Tan oscura. Las horas que dialogaba contigo escribía extensos epistolarios. Conversábamos. Mi insomnio desaparecía. Las horas nos sorprendían al amanecer. Era un ritual llevar esas cartas al centro de esta ciudad. Al llamado Palacio Postal. Las horas en que desapareciste. Formulé hipótesis, fórmulas aleatorias como si uno pudiera controlar la vida del otro. Ni el metereologo más versado, podría establecer el pronóstico exacto del tiempo. Las horas otra vez. Un cuento de niños o mejor dicho, de niñas. "mañana jugamos otra vez". Y ese mañana nunca llegó. Y entonces amsterdam62 fue el depositario de mis visiones nocturnas. De mis enojos. De mis miedos. De la soledad. Del vacío. Alguna vez me preguntaste por qué tanto azote. Seguro porque a pesar de todo, yo si me creí el juego, perdí.
--sbc

Tuesday, August 28, 2007

Guillermo está de regreso. De buen semblante y con gran ánimo. Las lecturas fueron en silencio. Los comentarios agri-dulces, si pensamos que el humor es negro. Entonces, sí, los cometarios fueron "agri-dulces". No deja de sorprenderme su lectura tan puntillosa. Yo leí varias veces Un viaje porque me atrajo su tono poético. Sin embargo, otro tallerista sintió un cambio rítmico en el texto. A lo Guillermo dijo, en efecto, eso se resulve de manera muy sencilla: coloca un blanco mayor que separe el párrafo. Haz un corte. Y no vi. Luego, el manejo del lenguaje. También sugirió modificar ciertas palabras, frases, oraciones. Y sobre el contenido del texto, él hizo un análisis profundo no de la historia, sino de las opciones que podría tener el personaje (un suicida). El desenlace. A pesar de las observaciones, Un viaje fue bien recibido por todos.
Loba, ¿estás ahí?, una crónica de un pervertido sexual, fue la última lectura. Texto con múltiples referentes: Lolita de Nabokov. Marilyn Moroe. Los juegos sexuales. Una crónica bien hilada.
Ya casi al final de los cometarios, pedí la palabra y dije que el narrador-personaje era un misógino. Y que si bien, la perversión es una conducta fuera de las convenciones, lo grotesco de la situaciones la recreaban perfectamente. Y si una de las características de Lolita es la seducción, otra es también la inteligencia. Y que para mí, el punto de vista del narrador sobre La enana diabólica, estaba cargado de misoginia.
Todos enmudecieron por un instante y yo esbocé una sonrisa irónica. Basto decir misoginia para que Guillermo me preguntara a quién le decía misógino: al personaje, al narrador o al autor. Eres feminista, concluyó.
Hubo un par de comentarios agrios. Y al final, él dijo que el texto tenía un gran problema: la lectura de una mujer del siglo XXI.
--sbc

Monday, August 27, 2007

Sabina
Quien se va, deja algo en el otro. Ella lo sabía. Mientras ambos esperaban impacientes a que el grupo llegara, una suave neblina cubría la entrada del portal. Había visitantes extranjeros subiendo a los vehículos. El recorrido iniciaría pronto por los alrededores de la zona montañosa. Paola bajó de un jeep negro. Se cercó. Sonrió. Él las presentó.
--Sabina --no dijo más.
--Paola. Hace mucho que esperan. Perdón por el retraso.
No hubo respuesta. Él interrumpió entonces
--Todavía no llegan. Esperaremos otro rato.
El frío de la mañana congelaba sus rostros. Sabina tenía la piel clara y un sutil rubor en las mejillas. Su miraba era penetrante. Observaba con detenimiento la entrada. Paola se sintió atraíada por su impaciencia. Los minutos transcurrienron lentos. En silencio.
Alguien se detuvo a saludar a Paola. Sus cuerpos se envolvieron con la fuerza de un abrazo amoroso. Rieron a carcajadas. Cómplices de la farsa. Se despidieron con un beso en los labios.
--Todavía no llegan. ¿Seguiremos congenlándonos aquí? --interrogó Paola.
--Congelándonos --dijo Sabina de mala gana--. Pero sí tú traes ese abrigo. Y dirigió la vista hacia el joven que salía del portal.
--¿Cuánto tiempo más? Debemos aprovechar la mañana --dijo Paola.
El hombre que las acompañaba se sacudió el rocío de la boina y volvió a acomodarla en su cabeza. --Iré a hacer algunas llamadas --Y se alejó.
Paola tenía enfrente el rostro de Sabina. Lo miró extasiada por segundos. De inmediato, sacó un pañuelo de su abrigo. Sabina giró.
--¿Estás nerviosa? preguntó Paola. Y se cubrió la boca para estornudar.
--Ya es tarde.
--¿Tienes miedo?
--¿Miedo?
--Sí. Miedo.
--De cualquier manera pronto caerá una tormenta.
--Claro, la tormenta.
--Ellos no vendrán.
--Vendrán.
La lluvia empezó a caer recio. Paola sonriente le indicó el camino. Se acercaron a la entrada del portal. Todos habían desaparecido. Sólo estaban las dos.
--Es la tormenta. Todos le huyen.
--¿Tú también?
--No. ¿Y tú?
Sus miradas se imantaron. Entonces Sabina extendió sus brazos alrededor del cuerpo de Paola. Hubo un largo silencio. Sereno. Paola tomó las manos congeladas de Sabina. Las frotó con las suyas. Las besó. Y luego, las atrajo al interior de su abrigo. Un soplo furioso recorrió su piel. No supo más. Las aguas que fluyeron aquella mañana fueron registradas por el meteorológico como un vórtice, como ese flujo circular que gira en torno a un centro: Sabina.
--sbc

Thursday, August 23, 2007

Out of Cold
Sus sueños eran luminosos, de una levedad celeste, pero en ocasiones un espesor, una especie de tinta china, se colocaba a esa transparencia y él despertaba jadeando, consciente de haber sufrido una pesadilla que no podría reconstruir. ¿Una pesadilla, cavilaba, o un eclipse?
Mauricio Montiel Figueiras
La esquina de mi adolescencia: Puebla y Orizaba. Fue apenas una imagen como una toma fotográfica en serie. Clic. Clic. Clic. La elegancia de la construcción gótica a mis pies. Pero, había alguien en la puerta. Y la lente enfocó el centro: una mujer de edad madura con una mueca aterradora. Clic. Una Mujer Extraviada. Clic. En el límite sonreía. Su mirada congeló mis huesos. Clic. Abrí los ojos en un instante. Me arremoliné al interior de mi cama. Buscaba protección en el azul de las sábanas. Mi rostro se hundió otra vez en un sueño profundo.
Un calambre en mi pierna izquierda sacudió mi cuerpo húmedo, al mismo tiempo, un estruendo anunciaba otra mañana gris, tormentosa. Salté de la cama. Autómata seguí con el ritual: la toalla, el jabón y el shampú. Bajé en silencio los trece escalones para llegar al baño. La oscuridad invadió mis sentidos. Seguía en el sueño. Otro ruido. Una enorme rata brincó de un mueble. Cruzó mi camino y de mi garganta salió un grito enmudecido. Desperté.
Llegué tarde a mi trabajo. No sé exactamente a qué hora. Me parecía estar fuera de cuadro, como si yo invadiera el espacio vital de los otros. Como si mi oficina no fuera la mía. Como si llegara por primera vez a un sitio otro. Un mareo me contuvo sentada frente a mi escritorio. Temerosa de moverme. Congelada.
La gente era otra. Zapatos mojados. Gabardinas empapadas. Frío.
El lunch matutino se redujo a una manzana. Mi estómago no lo notó hasta la hora de la comida. Y entonces mi deseo de salir de ese frío absoluto me llevó a una librería. Compré dos ejemplares del mismo título, y regresé a mi habitación-oficina. Intenté leer cuando de súbito recordé el sueño. Alguien tocó la puerta. Abrió. Era ella, la Mujer Extraviada. Y con la misma mueca me preguntó sonriente: "¿Cómo estás?" No hubo respuesta. Salí corriendo al baño, un dolor intenso en la boca del abdomen me hizo arrojar residuos verdes sobre el escusado. "¡Dios! ¿qué broma macabra?"
--sbc

Tuesday, August 21, 2007


Anuar, el escritor y supongo que está acompañado de su hermano.
--sbc

El escritor
"Un instante, un segundo extirpado del tiempo para someterlo a la lupa. Un segundo bajo la claridad lechosa de un quirófano. Bajo la exactitud escrupulosa del bisturí. Una instantánea encerrando a la vida en los límites de su marco blanco y perpetuo". Anuar Zúñiza Naime
Este epígrafe define mi encuentro con Anuar, porque en efecto, cualquier hallazgo pasa por ese instante que nos atrapa. Lo tenía frente a mí. Pude negarme a observarlo. Pero, mi intuición le sonrió. Miré a un hombre. A un hombre diferente a todos los que hasta ahora conozco. Sé que conozco a pocos. Los fundacionales: Mi padre. Mi hermano. Mis dos sobrinos. Anuar no se parece a los dos primeros. Pero, sí, está muy cerca de la bondad y el ingenio que caracterizan a los segundos. De la rebeldía. De la juventud.
Un viaje fue su primera lectura en el taller. Y dado que Guillermo está enfermo, los nuevos integrantes decidieron retirarse con los cuentos. Sólo él se quedó al final. Al final. Al inicio de una larga y atropellada conversación. Como si a Janina, a él y a mí nos urgiera conocernos. Le dije contudente: Un viaje tiene un aliento poético. Janina también hizo comentarios. De inmediato, la conversación fluyó con pasión. Nuestros fetiches. Nuestras obsesiones. La primera experiencia. La crónica urbana.
Y yo estaba frente a él: extasiada. Un hombre sin duda atractivo. Las rastas. Los tatuajes. Los aretes. La barba. La piel. El pensamiento. La sensibilidad. Cuando él está comunicando algo, es decir, hablando, hay algo más que palabras. Hay movimiento en su cuerpo y la expresión de su rostro dibuja una constante sonrisa. Fina. Apacible.
De los relatos urbanos, coincidimos en el enfrentamiento de nuestros universos, es decir, los tres hemos padecido ataques de pánico. "claro, tuviste un episodio de ansiedad, no te preocupes a mí me pasa lo mismo". "A mí, me pasa lo mismo". A los tres nos pasa lo mismo: la literatura como pasión.
El espacio virtual tomó también su lugar: el blog. Él escribió http://www.vampiro2099.blogspot.com/Crónicas de un escritor en vías de desarrollo y yo omití el mío. "¿Autocensura?", me preguntó. "No". Y en realidad, no me atrae saber quién lee lo que escribo. Por lo menos, no ahora. Sólo escribo. Una bitácora personalísima. Su libreta abierta. Sus hojas extendidas esperando. Entonces anoté http://www.cristinariveragarza.blogspot.com/ es un gran blog.
De sus lecturas obsesivas, la temática de asesinos seriales los entusiasmó mucho. "¿Asesinos seriales?", me dije. Mientras ellos, daban santo y seña de tal y cual murder. "Bueno, a mí me gusta más pensar en colectivo, es decir, la Antropología". Al final, al final, ya todo el mundo de Casa de las Humanidades se había retirado. Y nosotros ahí, hablando de asesinos y de sus formas... salimos los tres y cada uno siguió su camino.
El conductor del camión detuvo la marcha y, sacando medio cuerpo por la ventanilla, dedicó a Celia un ráfaga de improperios y obscenidades. Celia no hizo el mínimo intento de contener las lágrimas. El eco de la campana permaneció flotando en el aire. El camión dio vuelta en la esquina.
reproduzco esta imagen de Un viaje
Y sé que ya estoy en otro, en otro viaje literario. Con nuevos-contradictorios-talentosos-apanicados jóvenes. ¡qué chido!
--sbc
Bueno, sí, tengo muchos años trabajando en el edificio principal del Centro Cultural Universitario. Cuando me refiero al principal, digo, son las oficinas generales. El Coordinador y todo su equipo. Administraciones van y vienen. Y yo sigo aquí. Sí. Esta ya es mi casa. Alguien dijo que había trasladado mi habitación a la oficina. Y sí tienen razón. Sería muy difícil hacer un recuento de cada una de las oficinas que han sido invariablemente mi habitación. Desde las amplias oficinas de la dirección con su sala de juntas y terreza, donde celebrábamos todos cumpleaños y grandes comilonas. También trabajo. Recuerdo que en más de dos ocasiones me tocó contestar el teléfono interno. "Difusión Cultural" contesté. Y una voz preguntó confusa: "No es la oficina de Gonzalo". "Sí, sólo que él no se encuentra". "Dígale que el Rector le marcó". Y sólo eso bastaba para mover cielo y tierra y encontrar a quien fuera. El trabajo en la dirección tenía sus privilegios pero también su contraparte: la esclavitud. Tal vez una exageración. Lo cierto, es que no, no volvería a trabajar en ninguna oficina dictatorial, es decir, a esos niveles, donde la vida de cualquier mortal, es menos que nada. Luego, conforme las administraciones se fueron o llegaron hubo acomodos. Muchos. En el organigrama. En realidad, la administraciones siguientes buscaron ingresar a sus equipos. Poco a poco, los que ya estaban, desaparecieron. Apenas un puñado de amigas.
Y entre ellas, T que me consiente, soy como su hermana, su cómplice. ¡Dios! cuántas situaciones hemos vivido juntas. Pues T dice que ya tengo acá mi habitación completa. Y creo que tiene razón. Me gusta apropiarme del espacio. Significarlo.
Y afuera también, hubo una época: las grandes comilonas. Mis amigas preparaban los platillos, yo creo que competían entre ellas, yo no cocinaba ni cocino. Llevaba mi hambre y mi capacidad de asombro. El sabor de cada platillo. Los jugos. Las ensaladas. El vino. Todo en un sitio escondido. A un costado del andador. Entre la vegetación. Sólo mujeres. Al final de la comida, nuestros cuerpos reposaban los alimentos. Eso era placer.
Como también lo era leerles poemas. Hubo otra época, en donde una de ellas me solicitaba leerle versos. A veces, las dos horas de la comida transcurrían en la lectura de El manto y la corona de Rubén Bonífaz Nuño. Mar de Fondo de Francisco Hernández.
Bueno, los tiempos cambiaron, ya nadie me invita a comer o leerles poemas. Y entonces me quedo acá, en el interior de mi habitación-oficina. Escribo en este blog. Leo. Leo. Leo. Pero, a eso de las tres de la tarde cuando todos van de salida, cierro la puerta. Me olvido del Mundo. Y exploro otros... lo gracioso de todo, es que ayer me dolía la cabeza y no cerré la puerta y no hubo música. Sólo silencio. Entonces alguien se asomó a mi habitación-oficina y me dijo: ¿por qué nos has castigado? Queremos escuchar esa música tuya.
--sbc

Friday, August 17, 2007

consideraciones anatómicas
la función principal del labio es la competencia bucal que está controlada por el músculo orbicular de la boca.
topografía labial:
1.- Columna del filtrum. 2.- Surco del filtrum. 3.- Arco de Cupido. 4.- Línea blanca del labio superior. 5.- Tubérculo central. 6.- Comisura. 7.- Bermellón
Nervios:
Sensitivos: la sensibilidad del labio superior procede de la segunda rama del V par craneal a través del nervio infraorbitario, mientras que la sensibilidad del labio inferior está recogida por la tercera rama del V par craneal a través del nervio mentoniano, rama del nervio dentario inferior. Este último nervio se hace visible bajo la mucosa vestibular de la zona lateral mandibular al traccionar de la comisura bucal hacia fuera.
Creo que mi ser racional busca explicaciones para concibir el inmenso placer de la exploración de sus labios en los míos. Esa exploración tímida que inicia en la comisura y se va extendiendo hasta llegar al arco de cupido. Y después ya nada la detiene. Se desdobla. Su labio inferior se confunde con rapidez, con lentitud. Muerde el tubérculo central. Y descansa suave en el bermellón. Muda. La boca semiabierta. Suspira.
--sbc

Thursday, August 16, 2007

"No me pidas ternura" grita su cuerpo mientras corremos tomadas de la mano sobre Reforma/Ella me dice: "esto no es exhibicionismo" y me vuelve a besar. El beso se prolonga en toda la piel y nuestros cuerpos se unen por segundos. Entonces ella tiene el control y me arroja sobre una banca. Está arriba de mí./Ella dice: "esto es exhibicionismo: te haré el amor aquí mismo". Y un ángel nos observa.
--sbc

Wednesday, August 15, 2007

Feliz cumpleaños, Luz
Tears, Idle Tears
Tears, Idle tears, I know not what they mean,
Tears from the depth of some divine despair
Rise in the heart, and gather to the eyes,
In looking on the happy Autumn-fields,
And thinking of the days that are no more.

Fresh as the first beam glittering on a sail.
That brings our friends up from the underworld,
sad as the last which reddens over one
that sinks with all we love below the verge;
so sad, so fresh, the days that are no more.

Ah, sad and strange as in dark summer
the earliest pipe of half-awakened dawns birds
to dying ears, when into dying eyes
the casemen slowly growns a glimmering square;
So sad, so strange, the days that are no more.

Dear as remembered kisses after death,
And sweet as those by hopeless fancy feigned
On lips that are for others; deep as love
Deep as first love, and wild with all regret
Death in Life, the days that are no more.

Songs from the Princess, 1847
Alfred Lord Tennyson

Tuesday, August 14, 2007

Pocas veces he sentido que hago lo correcto, que estoy en la línea indicada. Y no tiene que ver con la responsabilidad, la culpa, el deseo sino con mi propio destino. Es decir, he aceptado que mi destino es único e intrasferible. Y lo cumplo. Vivo. Con el asombro que provoca despertar. Y aún no sé cuál de las dos acciones: escuchar o abrir los ojos va primero. Me asombra mirar la luz del día. Escuchar el canto armónico de los pájaros afuera de mi ventana. Caminar por el parque México de ida y vuelta. Es mi jardín. Es mi espacio. Lo ha sido por años. Amo el tránsito de mi cotidianidad. Y también vivo con asombro las líneas de cruce en mi camino. Aquellas que me hacen saber que la vida es corta. Apenas un abrir y cerrar de ojos. Apenas un guiño.
Esta mañana cuando me dirigía a mi trabajo, encontré a un compañero de estudios. Él y yo no fuimos amigos pero si tuvimos una relación cordial durante los años, en que primero, compartimos las mismas asignaturas, los mismos salones de clases, los mismos profesores. Quizá el mismo deseo: Tamara. Luego, tuve que ausentarme por un largo período, cuando regresé a la facultad, él ya se había convertido en un maestro estricto. Impartía Lecturas dirigidas. También fue mi profesor. Y aunque debo reconocer que no lo miraba como tal. La relación siempre fue cordial. Hoy no sé qué de todo eso evoqué en el instante que él cruzó la línea del pasado, del presente. Me habló de su doctorado. De los libros que ha traducido. Me habló de la primera persona: Yo.
Y mi yo, de manera inconciente, le preguntó por Percival. "¿Está seguro?". "Sí", afirmó. ¿Cómo puedes estarlo?, inquerí. "Porque la facultad emitió una esquela". Y no dije nada. En cambio, él agregó algo más: "conociste a ... hace unos días murió ahogada en Mazunte. Una ola...". Y mientras me relataba el suceso, recordé que Pedro Serrano, al finalizar el Seminario de Poesía, nos llevó a festejar a la Guadalupana. Ahí fue la última que la vi.
Había cierto aire de incredulidad, como si estos sucesos no fueran ciertos. El metrobus avanzaba veloz. Y ambos nos quedamos callados por segundos. Frente a la ventana, cerré y abrí los ojos. Vi a Percival confundirse entre la gente que caminaba con rapidez. Con su paso firme y pausado. Sin prisa. Sin tiempo. Abrí los ojos otra vez. Percival desapareció. Apenas el guiño de la nostalgia, de esos años en que juntos transitamos el mismo camino, la juventud.
--sbc
"y en la continuidad... sigo con fe. Seguiré con la disciplina necesaria. Sin perder el humor. El humor negro característico en estos espacios. Será un trabajo discreto. Amable. Paciente. Humorístico". Pienso en ello mientras observo su rostro marchito sonreír y eso me da paz. "Parece un santo" y también le esbozo una sonrisa. "Santa Madriza que le dieron" y no siento pena sino cierta admiración. Es evidente que él enfrentó a su agresor. Y entonces, ocupo mi sitio, mi lugar en el extremo de la mesa.
Es un grupo menor, apenas ocho, de los cuales tres pertenecemos al grupo anterior. De nueva cuenta, la sogem está presente a través de un joven que viste como un perfecto, en realidad, no sé qué adjetivo colocarle; los hilos en sus cabellos, es decir, sus largas rastas y los tatuajes en sus brazos y la barba sin afeitar en el rostro, lo hacen: atractivo. En sus cosas sobre la mesa aparece un libro de cuentos de Raymond Carver.
Al lado mío, dos cuarentones. Y sólo eso puedo adivinar, la edad. Uno de ellos, me asombra, otro libro que algo define: En una piel de león de Michael Ondaatje. Le pregunto si puedo tomar el libro y hojearlo. ¡Qué envidia! ¡Qué envidia su lectura! Por ahora, no podré leer más lo estrictamente necesario. Y vuelvo a observar, es la primera vez que las jóvenes no me llaman la atención. Quizá, sólo una de ellas, pero, prefiero leerla. La charla avanza. Uno de los nuevos talleristas pregunta si no le aburre leer lo mismo, es decir, piensa, y en efecto, que los temas son repetitivos. Y que si ello es materia de aburrimiento. Él comenta lo contrario con varias anécdotas. Se calendarizan las lecturas próximas. Y charla termina o reinicia con un largo cuento; el (re)cuento propio de su vida literaria, de sus influencias, de sus vicisitudes. Y una más que nos descubrió: mi padre fue muy amigo de Pedro Infante. Fue mi padrino de primera comunión. Y en un viaje a Sudamérica, alguien publicó en un diario: "El ahijado de Pedro Infante presentó su libro...".
--sbc

Monday, August 13, 2007

Acudí el sábado a un bautizo. Luego en la noche a la sala Neza, no pude evitar regresar y escuchar a la Sinfónica de Minería, y la sexta interpretación de Beethoven: Pastoral. Salí nueva, otra y recordé la mañana del día: el agua cayendo sobre la frente de la niña. El bautizo. "Brisa Celeste" así me sentí con el cielo acariciando mi rostro.
--sbc
Gracias a la Vida

Mi primer sueño de la semana: mis padres. Los dos en mi sueño. Papá y mamá juntos. Con cierta tranquilidad en sus rostros. Y no como hace ya quince días cuando estuve con ellos. Lloraban. Sus ojos entristecidos durante aquella mañana me hicieron sentir vulnerable. Gracias a la Vida, por ese dolor.

Regresó. Regresó acompañada de una pequeña, su hija de tres años. Gracias a la Vida, por el retorno. Por la amistad.

José Buenaventura. Buenaventura (haciendo honor a su nombre) es coordinador del Seminario de Perspectivas Críticas en Educación, en la FFyL/UNAM. Es un joven que estudió Pedagogía y Estudios Latinoamericanos. Y ha tenido la buena fortuna de guiar a un grupo de jóvenes que nos reunimos en torno a la problemática educativa en los países latinoamericanos. Cuando acudo al seminario y veo a estos jóvenes, tan jóvenes y los escucho hablar, en verdad, creo que algo se puede hacer para cambiar al mundo. Y tengo fe porque algo en mí ha cambiado gracias a ellos. Gracias a la Vida.

--sbc

Friday, August 10, 2007

Estábamos en el Espacio Escultórico. Y entonces, la miré. Invoqué su nombre porque ella lo conoció. Porque los tres vivimos un momento catártico. Porque aquella noche yo me embriagué. Porque esa noche descendimos a los infiernos: él y yo. Ella presenció la escena. La sala de su casa fue el escenario perfecto para invocar a nuestros demonios. Ella presenció todo. Nostalgia de la noche en que fuimos sombras; Nostalgia de la noche: él no era un hombre sino un niño asustado. Nostalgia de la noche: yo no era una niña, era su madre. Una mujer atormentada. Nostalgia de la noche: salimos de los infiernos a plena luz. Y me pregunto: qué más habrá visto. Nunca volví a su casa. Ella me lo prohibió. Y creo que desde entonces ella tampoco lo miraría más.
--sbc
Estábamos en el Espacio Escultórico. Alguna extraña razón me hizo decir su nombre. "se suicidó". Y nuestras miradas se detuvieron en el centro. Me observó interrogante. "No sé más. Sólo recibí la noticia". Y nuestras miradas volvieron al centro.
--sbc
Tres visitas guiadas en una manaña.
15 niños acompañados de sus tutores en un Programa de Alto Rendimiento de Excelencia Académica. De Sinaloa.
15 o 20 estudiantes nacionales y extranjeros (Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Alemania, Argentina, España y Colombia). De Intercambio.
15 estudiantes del UNITEC, Ciudad de México.
Como siempre los extranjeros dan muestra de sus conocimientos sobre nuestro país, su perfecto español y su rostro sonriente.
Como siempre la ternura me hace extremecer. Fabiola, 11 años, me abraza y recarga su cabeza en mi hombro izquierdo. ¡Flash!
Sylvain Gasancon, director huésped de la Orquesta Sinfónica de Minería, lo observo: ¡qué joven! Sí, es el director francés que ganó el Premio Internacional Eduardo Mata en 2005. ¡Qué energía! No sé, de verdad, no sé, si importe la edad, 25 años, quizá. Y una pasión que envuelve su cuerpo, que electriza. Hoy me siento de ? , muy joven. Y afortunada, pocas veces se conjugan estas circunstancias que hacen disfrutable el presente y alentador el futuro.
Bien hace Guillermo Samperio recomendando que seamos aliados del arte. Ayer, leía en una de sus tanta entrevistas: "La razón se debe a que estos ámbitos no sólo los hacen crecer espiritual y emocionalmente, sino porque les ayudan a sublimar sus problemas, a hacer catarsis de situaciones muy íntimas. Si la sociedad fuera perfecta y armónica, viviríamos, por decirlo así, ya de manera estética. Pero da la casualidad que vivimos en sociedades enfermas, que nos dañan. El arte y la cultura son un alivio, una medicina."
Ay, Guillón, pues sí, esta es la mejor medicina para el espíritu.
--sbc

Thursday, August 09, 2007

En qué momento uno decide salir corriendo. Dejarlo todo. Irse desnuda. Observo su fotografía con detenimiento. Es una decisión definitiva: "No más".
En qué momento uno decide dejar en orden sus asuntos. Despedirse como un burócrata después de la auditoria reglamentaria. Es una decisión institucionalizada después de un periódo laboral, acaso una renuncia volutaria: "Se acabo".
En qué momento uno decide mirar al Otro, darse la vuelta y sentir que los cuatro o cinco años compartidos se fueron por el caño. Que hay diferencias que se atascaron en el fluir cotidiano. Que aunque pasen los días algo se va pudriendo: "Ya nos llevo la chingada".
En qué momento uno decide mirarse frente al espejo y ensayar la despedida: "Se termino".
"¿En qué momento se lo diré?", me repito. Pero ni hace falta, ella ya no está.
--sbc
Necesito leer narrativa, un texto que me haga llorar de la risa: Ventriloquía Inalámbrica.
Necesito del vago que anda en silencio. Del cazador de maravillas.
Necesito de sus palabras porque estoy enmudeciendo.
--sbc