Friday, June 23, 2006


Del álbum familiar
Querida Paty: diez años sin vernos, sin reconocernos. Aquí una imagen de mi álbum familiar. Mi hermana mayor, Guadalupe y sus dos hijos. ¿Los recuerdas? Quizá no. Eran unos niños cuando te hablaba de ellos. Abraham está junto a mí. Tiene 18 años. Le gusta el skateboarding. Hace un par de años se rompió el femúr patinando. Alan tiene 20. Es noble y amoroso. Vive con mis padres. Se ha convertido en un poeta bucólico.
--sbc

Thursday, June 22, 2006

Amor

Hoy comienza a regir el signo de Cáncer a las 7:26 am, hora del Este de EU marcando el inicio de una nueva estación. La Luna sigue en Tauro, Mercurio en Cáncer, Venus en Tauro y Marte en Leo.
¿Cómo pienso el amor? no lo sé. Ya no lo quiero pensar. Sólo sentir. La amistad. Tu amistad. Ayer mientras te esperaba miraba impaciente, al principio, las horas. El reloj del parque; el que cada quince minutos da unas campanadas. Mi vista empezo a recorrer las bancas próximas: niños pequeños con sus padres. Gente corriendo. Perros ladrando. Entonces cerré los ojos. Atardecía. Y en el sitio donde yo me ubique --en medio de los árboles-- un polvo fino cayó sobre mi cabeza. Polvo de sol envuelto en hojas secas. La gente despareció, sólo recuerdo el trayecto de la luz sobre la hojarasca. Los árboles bañados de un aire nuevo y los secretos de una caracola.
Lizy, a veces creo que no llego a ningún lado, ¿no te ha sucedio que abres los ojos y todo está oscuro? Acto seguido los vuelves a cerrar y todo está claro. Cuando salí de la oficina leía el texto astral: hoy comienza a regir el signo de Cáncer... hoy también entró el Verano. Incertidumbre.
Incertidumbre: no sé a dónde me lleva el destino. Ahora sólo estoy dejándome sorprender por lo que me sucede, como la tarde de ayer contigo.
--sbc

Monday, June 19, 2006

Discusiones acerca del Amor
Paty: Yo rara vez doy consejos, porque no creo ser apta para ello, pero he leído algo acerca de relaciones humanas y hay una cosa que al final he comprendido. Para tener una relación de pareja se necesitan dos personas que quieran tenerla. De otro modo, en lugar de una relación tienes un juego del gato y el ratón. Y así es en general cualquier relación; uno siempre puede más que el otro y nuestro inconciente nos obliga a entrar en una lucha de poder, pero no hay peor poder que el de controlar las emociones del contrincante. Desde mi muy particular punto de vista y con el único afán de ayudarte; yo te sugeriría que tuvieras cuidado con la gente que no sabe lo que quiere en esta vida. En fin. Creo, también que no existe la conquista amorosa. Te quieren SI o NO, y eso es todo, si la persona se tarda más de un minuto en contestar entonces la respuesta es posiblemente un NO. Hay quienes dicen que el amar es una decisión conciente, y que te despiertas por las mañanas y te convences a ti mismo de amar a alguien, y hay quienes dicen que no, que lo tienes que sentir.
Yo: Bueno, hace un par de días que empecé a leer Los placeres del dolor, de Pedro Ángel Palou. Este libro de cuentos llegó como anillo al dedo. Y aquí reproduzco un epígrafe de Música de adiós.
"En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y el amado; y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se de cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor, es un amor solitario.
...Por esta razón la mayoría preferimos amar que ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar al amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le causé más que dolor". Carson McCullers.
Concluyo: no me gusta ser el gato de la historia y sé que soy, irremediablemente, quien ama, quien persigue, quien desnuda.
--sbc
La manaña debe seguir
a Patricia
Despierto. Seis de la mañana. No voy a ir. No quiero que mamá me vea así. Cierro los ojos y trato de dormir. Dos horas después. Abro los ojos. Estiro los brazos y las piernas. Me levantó. ¿De qué me serviría quedarme? Voy a ir. Me baño. Salgo a caminar mientras espero la hora para marcharnos. Mi hermana mayor aún no aparece. Espero sentada en la sala. Escucho mi silencio.
Ella llega Te sientes mal. Es tu pie. No. Siento un malestar en el pecho. Una opresión. Desde cuándo. Inquiere. Hace días. Mmmmm. Mientras caminamos rumbo al metro, dudo, Y si mejor me quedo. Te puedes dormir en el trayecto. Luego nos encontramos con mi hermano. No hay ninguna seña de familiaridad entre él y yo. Ni un saludo. Abordamos el transporte como extraños. Mi hermana se sienta junto a mí. Y antes de que el autobús avance, siento asfixia. Miro el cielo a través de la ventana, la abro. Respiro. Mis lágrimas brotan de manera automática. No las puedo controlar.
Tienes ojeras. No has dormido bien. Es obvio. De seguro te la pasas viendo películas. No. No viste en la mañana, una película sobre un homosexual. No. Le respondo. Sí, era un chavo que fingía tener novia. Quería complacer en todo a su papá; es difícil llevar una doble vida, es difícil ¿no?
Es la primera vez que mi hermana se refiere a mi homosexualidad. Su último comentario fue tan grotesco Sigues con tu vedette. No es vedette. Es bailarina. Y se llama Marcela. Es lo mismo. No. No es lo mismo. En diez años no volvimos a hablar de Marcela, ni de las bailarinas ni de estas historias.
¿Es difícil ser homosexual? Pensé por segundos mi respuesta. Pensé en la marcha lésbico-gay de esa mañana. Pensé tantas cosas que sólo le dije Sí. Y volví a mirar el cielo gris.
Mi lágrimas se atenuaron conforme avanzábamos en el recorrido. El trazo urbano se perdió y entonces sólo miraba pinos. La lluvia de la noche anterior había dejado ese aroma inconfundible a tierra húmeda. Fresca. Cerré los ojos. Dormí.
Mi hermana me despertó. Apenas bajé del autobús, caminé con cierta inquietud; el suelo empedrado del sitio me provocaba inseguridad en cada paso. Todavía faltan unos cuantos kilómetros para llegar, subimos a un taxi. En marcha, sólo pienso en ella. No hace falta decir su nombre.
Mamá.
Fui la primera en abrazarla. Mamá tampoco puede contener sus lágrimas. Llora. Me pregunta por mi pie. Y le digo que no es mi pie. Me observa. Te voy a preparar un té. El de siempre, verás que te hará bien.
Mamá tengo hambre. Mamá me sirve un plato con verduras. Mamá tiene comida para cada uno de sus hijos. Mamá está alegre. Yo también.
Mamá me lleva al jardín. Me señala una a una las flores: rosas, claveles, geranios. Blancas. Amarillas. Rojas. También hay frutos: duraznos, peras, chabacanos. Me pregunta si mi hermana me dio su último paquete. Si los chabacanos estaban dulces o amargos. Dulces, Mamá. Dulces.
Mamá me da tres besos y yo le doy otros tres.
Mamá y yo. Conversamos. La Abuela. El funeral. El novenario. La Cruz. Encarnación Santos. 99 años.
Mamá está cansada.
Mamá me enseña un sarape bordado con hilos de colores.
Mamá me prepara mi cama. Junto a la de ella.
Mamá me ofrece un té antes de dormir.
Mamá quiere que le de un masaje en su espalda.
Mamá lee un libro de oraciones mientras escribo esto.
Mamá no quiero que este momento se acabe.
Mamá dice “buenas noches” y me da un beso.

La mañana debe seguir. Despierto. No me quiero ir. Voy en busca de libros. Leo poesía y pienso en el mar. Mamá se acerca, me pregunta si ya he desayunado. No. Aún no. Miramos juntas el librero. Ya tiene polvo. Debes limpiarlo. Tus libros nadie los toca. Sólo el polvo. Le digo.
Permanezco en el suelo. La llama doble. Muerte en Venecia. Praga.
No sé qué título elegir. Y tomo los tres libros. Los guardo en una bolsa. Los releeré.
Retiro el polvo de otro: Peces del aire altísimo. Lo hojeo: Memoria de la sal, ensayo de Vicente Quirarte. Estoy fascinada. Lo terminó de leer y voy a la cocina. Mamá otra vez dándome todo tipo de indicaciones para sobrevivir a su ausencia, a sus cuidados.
Mi hermana está impaciente. Q
uiere que nos vayamos. Tendríamos una comida en la tarde. Mi tíos, mis hermanos, la familia. No podemos esperar. Lloverá. Mamá nos acompaña y en el camino nos encontramos a mis tíos. Bajan del carro. Abrazos. Risas. Comentarios. Recuerdo un sueño: Lizy y yo. Yo de su mano corriendo. Alguien nos persigue. Alguien nos quiere tomar fotos. Mi tía aparece en un carro blanco. Nos salva de la persecución. Siento alegría. La observo con esa misma sensación. Le digo que pronto estaré de vacaciones y prometo ir a su casa. Mamá, se despide de mí y me abraza. Invita a Lizy. A Lizy, Mamá, a Lizy.
--sbc

Thursday, June 15, 2006

*Marcela, también se llamaba Lola
Abrí los ojos a las ocho en punto. Una hora y media más de lo acostumbrado. Como quien despierta de un sutil letargo. Aún tenía en la mente los primeros capítulos de la lectura nocturna. Inmóvil durante unos segundos, repasé los objetos de mi habitación hasta alcanzar con la vista el título del libro que provocó aquel abandono profundo, sin sueños.
Releí las marcas color naranja de mis subrayados:
Lola era una puta que había dado entrada a muchos hombres y ahí estaba el resultado. Tarde que temprano había logrado ser lo que tenía que ser, y yo, ahora que ya ha pasado todo, que ya cumplí con ese privilegio que a los dos tenía reservada la vida desde el primero de nuestros encuentros: ser asesino y víctima.
Por fin la oportunidad de borrarla de mi obsesión; ese deseo salvaje que sentía no podía ser otra cosa que el amor; yo lo sabía, me di perfecta cuenta de cuánto la amaba todavía, por eso tenía que matarla, nunca sería más mía que cuando lo lograra y sentí bajo mi sino que había llegado la hora. Por eso lo hice y ahora siento que ya estamos en paz.
Formulé el argumento: "una bailarina de flamenco que recibe tres balazos en el estómago cuando llega a su departamento después de trabajar en un cabaret". Pensé en los constantes ires y venires de Marcela, en su búsqueda malograda por el dinero y el placer; en la completa insatisfacción de cada uno de los amantes que ha dejado. Pensé entonces en mí.
Tres semanas antes, ella me gritaba que no soportaría más mis depresiones, que prefería marcharse con otra u otro, "me da exactamente lo mismo", dijo. No existía diferencia entre un hombre y una mujer mientras ella se mantuviera en su viaje hedonista. Luego regresó como si nada me hubiera dicho, como si nada hubiera ocurrido, como si yo no supiera que sostenía un triángulo perfecto: un hombre casado, su amante y ella. Siempre ella. Regresó para pedirme que la ayudara a organizar su itinerario a otro lugar; qué importaba saber a dónde y con quién se iría, si al final siempre regresaba. Como hoy que, precisamente que ya regresó de Acapulco. "Ah, ¿A qué hora la veré?, A las doce".
Y yo tirada aquí, pensando en todo esto, sabiendo que no soy la víctima y que tampoco puedo..., que cada quien tiene su versión de las cosas; que toda esta historia que he leído, releído y subrayado es una gran mentira que sólo sirve para eso: inventarse. La realidad es otra, que nada tiene que ver con esos cuentos, o acaso...
Me levanté de la cama murmurando: Marcela, también se llamaba Lola.
--sbc
*quinta y última entrega
Textos seleccionados en la II Feria Universitaria del Arte. Otoño' 96.
*Esta otra vez
Esta vez, esta otra vez.
--Nos cerraron el puterío.
Y ahora, de nueva cuenta, empezar a buscar el mismo espacio en otro lugar donde tu cuerpo se desnude por el mismo precio. Donde su piel se consuma con la frialdad exigente de las manos presurosas por el placer a destiempo; entre las fragancias inodoras de un perfume rancio. Otra vez, con la noche encima de tu cuerpo, de espalda a la pared, al muro, a la puerta que se ha de cerrrar en el anonimato de la celda lujuriosa.
--Tal vez si cambiara de ciudad.
--¿Para qué?
--Para cambiar de aires, la contaminación.
--¿La contaminación o la corrupción?
Tampoco hubiera querido recordarlo; parece tan cotidiano: respirar el aire contaminado; vivir en la corrupción del delegado de la Cuauhtémoc entre la basura y los prostíbulos. Bastaba con encerrarlo. ¡No! Él pagará mañana con un billete de fianza su libertad y la historia de infiernos y castigos continuará.
--¿A dónde irás?
--...
--Perdón, ¿A dónde iremos?
--Ahora vas a olvidarte de todas tus promesas y te irás a tu casa.
--Eso es una tontería, ven, acércate.
Miré a Marcela enfrascada en la angustia de lo incierto. Por primera vez sentí su nerviosismo exasperante, como si temiera el adiós definitivo -más próximo, de cada encuentro, de cada despedida.
Largos meses intentando hacer alguna cosa que no fuera dejarla; viviendo indirectamente el mismo trayecto. Ya estábamos en la terminal de autobuses del poniente. Compraría su boleto y se marcharía sola. Mas se acercó una mujer... espejo de los años en el oficio, me aterró su figura; precipicio presente donde los pasos de Marcela resbalan sin que ya nada pueda evitarlo. Nos saludó con un beso en la mejilla; preguntó la hora, a saber si en un intento desesperado de apresurar el tiempo y aprovechar la noche.
El autobús partiría en pocos minutos, su destino, qué más deba saberlo, si esta vez Marcela y yo estábamos juntas otra vez. Esta otra vez ante la acostumbrada despedida nocturna y la promesa de mañana, mañana otra vez.
--sbc
* cuarta entrega

Friday, June 09, 2006

*Entre las sombras
Esta es la ruta que me estaba marcada: Salamanca, cruzar avenida Chapultepec, luego seguir por Toledo. Impaciente búsqueda nocturna. Sin perder más tiempo, allí estaba, en la esquina conococida, reconocida Dublín.
Detuve los pasos, el sonido de un par de tacones que se aproximaban rompió el silencio. Di vuelta, me paralizó su imagen en la oscuridad. Apenas pude esbozar una sonrisa ni siquiera logré abrazarla; una tenue mirada entrecruzada en señal de mutuo reconocimiento como si estuviesa perdida, y sólo ella pudiese hacerme sentir sin despojo alguno de dirección.
Doce días habían transcurrido atrás y ahora estaba conmigo. En el relato cíclico: había padecido una extraña fiebre, permaneció en cama durante el lapso de angustiosa espera. Y ahora era mi madre quien sufría de esa penosa aflicción. Y eran ambas quienes en su delirio me nombraban o a la inversa, yo quien en su ausencia reclamaba su regreso. Aquella fiebre nos golpeó severamente, más mamá todavía o se restablece. La Navidad pasó inadvertida; fueron los últimos comentarios.
Después de caminar por Reformar retornamos a Dublín, un beso súbito en mi frente anunciaba su partida.
--¿Me hablarás mañana?
--¡No!
--Bueno, pasado mañana.
--Nos vemos en enero.
Aquel beso se convirtió en una revelación, a lo lejos escuché su voz gritarme:
--¡Cuida a tu mamá!
Su silueta se desvaneció entre las sombras, se perdió en la noche de anoche. Mañana, mañana, quién sabe.
--sbc
*tercera entrega
¿El amor?
El amor no se puede contar. El amor es inicuo. Está hecho de gestos anodinos y costumbres difíciles de cambiar. El amor son los años que pasan uno tras otro sin variar. En el desierto, el amor es una planicie donde no crece nada (...). El amor es lo que hay bajo la lengua cuando se seca y a un lado de los pasos cuando no se oyen. El amor es un sauce a orillas del cementario de Venado (...). El amor es una tonadilla, apenas una canción.
Lo anterior
Cristina Rivera-Garza
¿Será cierto? Yo sólo coincido en que es inicuo.
--sbc

Wednesday, June 07, 2006

*En el absurdo de la espera: voy a correr
En el absurdo de la espera: voy a correr
Me despertó el sonido del teléfono, alcancé la bocina de inmediato antes de que alguien en casa descubriera las constantes llamadas clandestinas.
--Vas a venir --afirmó.
--No lo sé, todavía no aclarece, tengo que cruzar un parque, no lo sé.
--En unos minutos todo estará claro, nos vemos en la esquina, en Toledo, bye --colgó sin que pudiera decir algo más. Ella sabía que yo saldría en su búsqueda, que cruzaría ese parque a oscuras, que lo haría.
Me levanté aún con los ojos cerrados, en sigilo llegué al baño --¡qué locura!--, sentir el agua helada en todo mi cuerpo. Despertar así con la necesidad de verla, de sentirla en mí. Me vestí con una extraña impaciencia. Mis movimientos eran rápidos, macánicos: unos pants, unos tenis, pero me faltaba algo, se me olvidaban las llaves. Encendí la luz. La cama de mi hermana estaba vacía, seguramente no llegó y si mi padre se percataba de eso sería el fin de muchas salidas nocturnas. Dejé una nota: "voy a correr". Salí en silencio, ya afuera miré el cielo todavía gris, caminé alrededor de la avenida y crucé el parque. Sí, Marcela sabía que yo saldría en su búsqueda, que correría a su encuentro.
--¡Abrázame!
--¡Abrázame fuerte! --. La impaciente espera de una larga noche hasta el amanecer terminó cuando la vi aparecer al principio de Toledo. Corrí, corrí hacia ella, la abracé con tanta fuerza que casi nos caímos.
--Tengo más de treinta minutos esperándote. ¿Qué sucedió?
--Mi pago, ya sabes, te descuentan hasta por lo que ni te imaginas, pero lo recuperas con las propinas--, comentó con cierta ironía. --Caray, es domingo, llegaré a casa, me quitaré el maquillaje, aventaré los tacones, las medias, el liguero y me dormiré, sólo eso, dormiré. Me dio su bolsa y entrelazó su mano con la mía.
Dejamos pasar un camión, luego otro. Me observó.
--Me gusta tu cabello es tan suave, tan hermoso.
El semáforo marcó la luz intermedia.
--Ahora si me voy, te llamaré mañana.
Y subió, se alejó en un viejo camión ruidoso; sentí por primera vez un enorme deseo de seguirla pero también me sentí en el absurdo de la espera, de una espera sin esperanza, en una espera sin aliento.
--sbc
*Segunda entrega
Lilit
El cielo aún no se inundaba de la luz solar. Era esa oscuridad que antecede al amanecer. Caminé por horas sobre una línea intacta: el desierto. Las manos entumidas. Las sacudía a ratos como si con ello pudiera desprenderme el frío. Lo traía pegado en el cuerpo. No era mi sombra. No. Era la nostalgia que empezaba a helarme los huesos. La línea interminable se iluminó por una luz irreal. Lejana. Estiró sus brazos ardientes. La vi. El aire ausente apagó mi espejismo. Desperté con los ojos humedecidos y un capa delgada de sudor sobre mi piel. En los labios un nombre: Lilit.
*
Itaca
Al igual que Ulises, hoy en mi Odisea, en este viaje que algún día encontrará su retorno final en la tierra prometida. ¡Oh, amada Itaca! se hunden mis manos entre el llanto y la arena. ¡Oh, amada Itaca, dónde estás.
Lejos estoy de arribar cuando todo aparece tan contradictorio y la conquista de un nuevo espacio se convierte en la traición desesperada de un ciego que finge ver --cual espejismo-- lo que no es, lo que aún sus manos no han palpado. Así, el llanto arrebata toda posibilidad de advertir aquello que tocan incesantes las manos. Y el escepticismo se cifra una vez más en la contradicción por alcanzar con éstas lo que aquellos no pueden ver.
De oleaje y viento. Atenea trazó el designio, cómplice de Zeus me arrojaron en esta isla ¡Oh, Calipso! Me has atrapado, ninfa venerada, en la gruta por la que corre mi llanto y en tu cueva --cual oculto nombre-- habita el deseo mortal de mi sin regreso.
*
Tiempo cerrado, tiempo abierto. De regreso al principio, al origen, al primer gemido ahogado en el llanto sigiloso. Tierra seca, tierra estéril. Dolor más vacío sangran la herida. Madre-tierra me has arrojado de tu entraña sagrada causando tu muerte.
Yo: llanto, soledad, raciocinio. Vulnerable cuerpo de mujer, inútil combate de palabras, más palabras en medio del silencio.
--sbc

Tuesday, June 06, 2006

Círculo de Vida

Después de una larga agonía, ayer su cuerpo cansado desfalleció en el seno espiritual de la tierra que la vio nacer. Encarnación Santos. Murió. Rodeada de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. Noventa y tantos años. Se llevó con ella, la lengua originaria, la lengua de sus ancestros. La lengua con la que nombraba el día, la noche, el cielo... la Creación.
Un mensaje en el celular me anunció su partida definitiva. Antes mi hermana mayor, se comunicó conmigo igual por el celular mientras comía en el barrio de San Ángel. "Sigue en agonía. Al parecer volvió a reaccionar". Enmudecí.
"Ya" es la frase que me ha acompañado desde ayer. No puedo evitar pensar en mi padre, en su oscuridad de años. Durante mi infancia, él nunca la nombró. Puedo pensar en su orfandad; en el abandono primigenio. Y luego, esta interrogación real. ¿Y ahora, será menos el dolor?
La conocí poco: un saludo, un beso. Ni siquiera pude hablar su lengua; mi padre también me la negó. Se va con ella el misterio de su separación; los secretos de un amor que sólo le pertenece a los dos: la madre y el hijo: La Creación. Y yo soy parte de esa cadena filial. Me siento triste por mi padre; por mi madre que es mía y es también, la madre de mi padre. Ella está con él. Y me conmueve su entrega, su amor total.
Para ti padre transcribo estos versos:
Hay que voltear atrás
tarde o temprano,
soldarse a algún pasado,
pagar todas las deudas
--de un solo golpe
si es posible.
Así, si tú te vas,
idioma de mi lengua,
razón profunda
de mis torpezas
y mis hallazgos,
¿con qué me quedo?
¿con qué palabras recordaré mi infancia,
con qué reconstruiré
el camino y sus enigmas?
¿Cómo completaré mi edad?
Fabio Morábito
--sbc

Monday, June 05, 2006

*Invento que te invento
Entre Tokio y Dublín: la estética de un beso
I
Dejé escapar más de un par de lágrimas mientras ella leía la carta que escribí anteayer. Lloré, lloré en medio del silencio, de su silencio.
--Me gustó, ¡vámonos!
--¿Sólo eso?
--me desagrada este lugar. No estamos solas.
--Y qué.
--¡Nada!, ¡vámonos!
Nos alejamos en la incesante necesidad de creer, de tener fe, de sabernos la una en la otra. Ya en el camino le pregunté si iría a trabajar. Me contestó insegura que sí a pesar de sentirse cansada, agobiada por la falta de dinero. --Aún no hemos llegado, podemos regresar--sugerí. Dudó. Tomé uno de sus libros Poesías líricas del Siglo de Oro, indiferentes lo observamos juntas; ningún comentario. Habría que seguir, habría que continuar el camino juntas, de la mano.
--Tengo apenas unos minutos--. Apuramos los pasos, cruzamos la Zona Rosa, luego Reforma, dimos vuelta en La Diana. --No me gustaría que fueras hasta...
--No importa.
--Te has dado cuenta de algo.
--No, de qué--, la observé.
--Hoy no me has besado--dijo. Levanté la mirada Tokio, aquí es, ¿verdad?
--Sí--afirmó enmudecida y el silencio pesó entre ambas.
II
La he dejado a unos cuantos pasos de Libido. Un beso suave, apresurado, deseo frustrado aprisionado en un sólo instante: el roce frío de sus labios en los míos. --Adiós--. Mañana, la certidumbre de su llamada casi al amanecer, el aroma que vierte su piel al contacto con la mía. Mañana, mañana estaré nuevamente con ella, pensé mientras caminaba sola rumbo a casa; la oscuridad invadió mis sentidos; vuelta a la derecha; segura que mi madre me esperaba en la puerta. Allí mamá, mamita... so far away, so far from me coming up close. Llegué a casa, la cena estaba lista. Sigo pensando en Marcela, en lo injusto de estar tan cerca y tan lejos. En esta maldita sensación de impotencia; mientras yo comparto la mesa con mis hermanos; ella baila sobre una igual; mientras yo duermo, ella permanece en la vigilia forzosa tras la espera de algún servicio.
III
--¡Dame un beso!
--¡No!
--Sólo dime por qué-- pregunté
--Este lugar es muy selectivo en su personal, no permite algunas cosas.
--Cómo qué, insistí.
--La preferencia sexual, tú sabes, si alguien nos viera--, extendió sus manos.
--¡Dami mi carta!
--¡No!, si alguien la leyera. Yo también soy selectiva--. Me di la vuelta, ella desapareció al final de Dublín. Aquello no parecía un lugar de esos; un letrero que anunciaba una estética, pensé entonces en la belleza, en la inocente belleza femenina de Marcela: una niña tierna, una joven adolescente todavía, en medio de la impostergable necesidad de convertirse en una mujer, una mujer más.
--sbc
*Primera entrega de cinco cuentos cortos

Friday, June 02, 2006

Luz subterránea
La primera vez que vi su llanto ella abrazaba un árbol. Una extraña sensación me paralizó. Fue cuando escapó de la sala de conciertos. Aquella vez habíamos discutido durante el intermedio. Marcela había bailado mucho, casi toda la noche como para continuar insomne. La luz tenue iluminaba su rostro cansado; el maquillaje disminuía sutilmente las curvas hundidas, profundas de su mirar somnoliento. Yo, en cambio, en un afán egoísta, deseaba disfrutar esa mañana: el desayuno dominical en un lugar poco concurrido. Una mesa reservada para dos, descubierta por la mezcla aromática de los jugos frutales que ella ignoró, “café, sólo café”, ordenó.
Al salir nos dirigimos a la sala; sentada a mi lado izquierdo, inclinó su hombro sobre el mío mientras mis manos buscaban presurosas la suya. Su fatiga era evidente y el primer sobresalto vino enseguida. “Soñaba que estaba en un bosque, un hombre desconocido me perseguía. Corría, corría hasta que caí”, dijo en voz bajísima. Las luces se encendieron, la novena sinfonía de Dvorák había concluido; entonces me miró asustada mientras la ovación del público animó una fuga.
-¡Discúlpame!, he dormido poco -dijo en tono brusco. Acerqué su cuerpo al mío, intentaba abrazarla, pero ella se rehusó y, con un gesto de enfado, se dirigió a la puerta de salida. Inmóvil por varios segundos no supe qué hacer: seguirla o dejarla partir.
-¡Marcela, Marcela! -grité. Ella continuó en su andar apresurado.
-¡Espera! -la alcancé. Me observó contrariada.
-¿Para qué quieres que me quede? Esto es demasiado irreal para creerlo mío. Mañana será igual. Todo es bosque. Persecución. Caída. ¡Quédate tú!
Y se alejó, se perdió entre las sombras de los árboles. Su silueta se desvaneció entre tristezas y desvaríos.
Seguí la ausencia luminosa de Marcela. ¿Cómo decirle que en sus ojos existía una luz irresistible? “Atrás de tus pupilas resplandor, torrente, fuego”. Pero tenía miedo de acercarme más, de mirarla, de refractar la luz subterránea de su espejismo e incendiar aquel bosque donde ella corría desesperada. Allí estaba muy cerca espiando su dolor. Sí, la primera vez que presencié su llanto ella abrazaba un árbol.
--sbc
*cuento publicado en Romper el hielo. Novísimas escrituras al pie de un Volcán (compilación Cristina Rivera-Garza) Ed. Bonobos y Tec Monterrey, 1era. edición, México, 2006, pp. 84-85.

Thursday, June 01, 2006

La Catedral en sus ojos
Moverse supone la esperanza, ir, venir es creer en anhelar un dónde, un cuándo. Bellas Artes, dieciséis horas pm. El tiempo pasado de un encuentro que me negó el acostumbrado recorrido sabatino por las salas de algún museo. Esa vez fue diferente, desde su llamada del día anterior. "Quiero caminar contigo. ¡Vamos al Centro!" exclamó. Elige tú la hora, tiene que ser mañana antes de que oscurezca --continuó--. Me sorprendieron aquellas frases; sus demandas parecían sin sentido: caminar conmigo, ir al Centro, ¡Qué raro!, pero, cuánto la extrañaba, que sin vacilación alguna, acordé el dónde, el cuándo.
Bajé del taxi treinta minutos después de la hora señalada. Tendría que estar enojada por el retraso, pensé mientras me acercaba al Palacio. Marcela salió a mi arribo. Dio un salto pequeño hasta que sus brazos alcanzaron mi cuello. Me besó.
Caminaba, caminábamos. Ella conducía nuestro tránsito por la estrechez de las calles. Esquivábamos entonces, los otros cuerpos, las otras miradas que apuntaban insistentes como decenas de dardos a punto de penetrar sobre nuestra figura siempre unida. Recorrimos en dirección opuesta los señalamientos hasta llegar al sitio que sólo Marcela buscaba: una joyería.
--¡Lo prometí!, tiene que ser oro --dijo. Recordaras aquella ausencia de semanas completas donde mi cuerpo se desgarró más que en cualquier otra cama que en la mía, y no de placer, sino en la postración dolorosa de una fiebre que me consumía lentamente. Lo prometí, sólo él podría salvarme--. La Catedral apareció entoces en la mirada de Marcela; sus ojos se posaron como un par de gotas imantadas sobre la edificación barroca. Mi admiración aumentó cuando ella se acercó al mostrador y señaló el objeto ofrendado: un corazón de oro.
Hasta el último atardecer de septiembre, seríamos las dos quienes llevarían su fe más allá de este transitar mundano.
--sbc

Wednesday, May 31, 2006

Mi amistad con Patricia Ayala
La encontré sentada esperando la primer clase matutina de inglés, en el salón final del segundo piso de la Fac. de Filosofía y Letras (UNAM); ahora amurallado por enormes tabiques amarilos. De ahí, al sexto piso de la torre de Humanidades con Gerling Geraldine. Las clases con Luis Gayo. Las idas de pinta al Jardín Botánico --innegable sensibilidad infantil Alicia en el país de las maravillas--; al Convento del Carmen, en San Ángel; al Centro Cultural de Arte Contemporáneo. Desayunos en Le Corbusier de la Fac. de Arquitectura; en Perisur. Entrega y bondad. Regalos simbólicos: un unicornio de cristal, un diario, un perfume, un libro, en suma su amistad.
La lectura de libros profanos, de biografías. Recorridos al interior en el interior de su habitación bajo el cielo estrellado y agigantado por su presencia tras la cual, sólo una ventana de vitral podría dar nota de su necesidad de volar, de liberarse de lo fantástico y habitar en el mundo de lo real. Sus viajes a Japón; las cartas; las fotografías. Su renuencia en creer en lo abstracto y su contradicción a la espera del futuro.
Las depresiones compartidas en la sala de su casa, en aquel viejo sillón escuchando a Pink Floyd o en su propia habitación; sentadas en el suelo leyendo su diario; no el de todos los días sino el diario íntimo; aquel que guardaba con tanto recelo en algún lugar secreto. Aquellas esperas pacientes afuera del consultorio de la psicóloga, su constante comentario: "sólo te hace llorar". Su larga llamada en Navidad, "me suicidaré" y en mi cumpleamos número veinte, "también me suicidaré". Jamás olvidaré el día que desayunando ella bromeaba y yo, en lugar de reír, lloraba. Se levantó de su silla, me abrazó y exclamó: "es por lo de la psicóloga, ¿verdad?. Desde mañana tú y yo empezamos una terapia juntas".
Paty, al igual que Alicia y no la del diario sino Alicia en el país de las maravillas; tu expectativa ficticia llegó. Viviste en el sueño, tu sueño, tres nuevos personajes aparecieron: Juan Carlos, Ivette y Gabriel. Aceptaron ir contigo en busca del Mago. Y creo, que yo ahí, entre el sueño y la realidad, desaparecí.
***
(carta para Susana)
Y entonces...
Y mientras Diana escribe sus poemas eróticos, yo me arremolino entre las sábanas y miro el cielo artificial que me he creado hasta creer por un momento que no es artificial, y que de la ventana el aire me llega sin ser colado por el mosquitero.
Y entonces pienso, no pienso y vuelo a pensar ¿Será posible? E intento imaginar que no hay ningún aire, que el frío que tengo no se debe al clima sino a la soledad, y se lo digo al sueño. Y entonces de repente siento calor y no me explico por qué. Y vuelvo mi cara hacia la almohada, y huele a saliva y siento asco y la libero de la funda, y entonces no huele a nada, y entonces, creo que es muy inútil estar acostada a esta hora y siento que si no fuera por ti no estaría sola. Y pienso y vuelvo a pensar, poniendo mi mente en blanco como si meditara; pero esperando cualquier imagen del libro de mis memorias para no sentirme así. Y de momento vuelvo a sentir que hace frío y entonces no puedo dormir. Quiero dormir, pero al mismo tiempo me gustaría estar en cualquier otro lugar que no fuera éste.
Y me acuerdo de ti y sé que las preguntas que me haces, me las haces a mí porque no tienes a nadie más a quien preguntarle. Y las respuestas que te doy, pueden ser las más estúpidas, pero tú las escuchas con atención y eso me gusta. Y cuanto yo te escucho, sé que dentro de la idea que tienes de Dios; estás nadando en tu mar de contradicciones, sin salvavidas. Entonces me aterro cuando te digo que no creo, porque sé que vas a tratar de convencerme por milésima vez que hay que creer. Y entonces el mar, la brisa y el cielo desaparecen y también desaparece tu idea de Dios, y el frío y el calor y me acuerdo que no sé dónde dejé mis lentes y me levanto para buscarlos; pero a medio camino regreso a la cama y ansío con todas mis ganas que ya amanezca. Y entonces entra el gato y juntos nos arremolinamos entre las sábanas y miro nuevamente mi cielo artificial y espero al sueño, y espero, y espero y espero...
Patricia Ayala
--sbc

Tuesday, May 30, 2006

A hurtadillas...
busco en sigilo
espacio/continente
límite del territorio
donde presencias mis batallas.
Hendidura blanda, fortaleza
desgarrada
bajo la enredadera secreta
de tu naturaleza cortesana.
A hurtadillas
soplo sobre la estatua dormida,
inmóvil
el fantasma de tu carne
desaparece
la hierba húmeda, espesa
nace, renace
en mi lengua insomne...
Despierta/duermo en ti.

--sbc

Monday, May 29, 2006

Desde Nueva York alguien lee este blog

Esta mañana recibí un correo virtual de mi amiga Patricia. Me movió tanto el pasado. Mi entrañable amiga, a quien conocí en la Facultad de Filosofía y Letras. Hace diez o quizá más años, que no nos hemos visto desde que se casó. Desearía escribir más sobre aquel período, de hecho, su correo llegó justo en el recuento de mi vida afectiva. Y eso también me conmueve. Su amistad a toda prueba. A prueba del tiempo y de la distancia.
"Querida Susana, la única Susana de mi vida por cierto. Leí partes de tu blog, me conmoví. (...) Te extraño cuando te leo y envidio que en tus momentos cruciales no haya estado contigo para ver y sentir tu grandeza espiritual y "poetisonal" en persona. Me veo a mi misma en ti como una realidad alterna que nunca existió, pero pudo haber sido. (...) Quiero leerte mucho. Quiero que vengas a Nueva York. Te mostraría lugares que nada más tú puedes ver. Te quiere: Patricia."
Paty, yo también te quiero mucho.
--sbc
Así el Amor
Cae una tormenta sobre esta ciudad.
Las nubes corren una tras otra, se persiguen, se alcanzan
como un beso fugaz.
Sus labios son uno y después desaparecen.
Así el amor
Viví con Mar una de las relaciones más apasionadas, quizá una de las más significativas en mi vida erótica. Casi tres meses. Tres meses: de encuentros nocturnos frente a la Cazadora (allá en Reforma). Mirábamos el cielo oscuro, nunca fue azul. De las correrías por los salones vacíos del segundo y tercer piso de la facultad (Filosofía y Letras). De encerrarnos en los baños de los cines (Loreto, cinemanía y ccu). De mirar sus senos desnudos frente a los espejos... De probar el sabor del Venom, el tatuaje en su nalga derecha. De sus puntuales llamadas telefónicas justo al amancecer. De los besos y abrazos exhibicionistas frente a sus amigos y maestros; frente a mi hermana mayor. De mi primer visita a un hotel en la colonia Roma. Fuimos dos niñas traviesas jugando a amarse. A ser dos mujeres que se deseaban también con ternura: las flores --los tulipanes naranja que me comí--; sus cartas firmadas con el nombre de La Pantera Rosa; los muñecos de peluche --la vaquita y el conejo--; la muñeca pequeñísima que aún conservo. El labial fosforescente que intercambiamos para dibujarnos besos en la piel. Ella tenía 19; yo seis más. Y éramos entonces una sola mujer. No había día, más bien, noche que no la pasáramos juntas. Me asombraba su apego afectivo. Era muy difícil concebir que una mujer atractiva no tuviera pretendientes. Los tenía. Solían aparecer hombres maduros a su espera, pero al final, ella siempre se marchaba conmigo. Le gustaba ir al Centro, recorríamos las calles estrechas tomadas de la mano. Visitábamos con frecuencia el Palacio de Bellas Artes; le atraían los edificios antiguos. La Catedral ejercía una atracción particular; ofrendaba pequeños milagros de oro. La vi llorar un par de veces frente a imágenes religiosas. Leíamos a San Juan De la Cruz. Sin embargo, el llanto que más me conmovió, fue el de una mañana, después de una discusión, ella salió corriendo de la sala de conciertos. Por segundos desapareció. Abrazaba un árbol. Lloraba. ¡Ah!, Marcela, ¡cuánto amor hubo entre nosotras!
¿Cuándo terminó esta historia de tres meses? Dos años después. Dos años después de sus ires y venires. De su incursión definitiva en el mundo nocturno. En el tabladance. En los prostíbulos. Fue entonces cuando me convertí en su confidente. Iba y venía. Fugaz. Un día de tantos regresó. Se había operado la nariz. Era otra. Y aún poseía una perturbadora belleza: sus cabellos rizados cayendo sobre su rostro. Su mirada profunda y retadora. Me propuso vivir con ella. No lo hice. Se fue. Regresó otra vez (siempre regresaba); esta ocasión fue para invitarme a su boda. Tampoco asistí. Se casó con un hombre joven y apuesto; un hombre al conoció en Libido. Tienen un hijo. ¿Es feliz? No lo sé. Supongo que sí. No la he visto desde hace seis años. He hablado un par de veces con ella y con su pequeño Gamael. ¿Por qué escribo esto? Porque su vida y la mía fueron Una. Porque la incertidumbre de ayer, es certidumbre de hoy. Hubo momentos en los que creí que ella nunca se iría. Y no era amor. Hubo otros, en los que no me miraba con ella; aunque era fascinante la seducción; no la del cuerpo sino la de su inteligencia. La manera en cómo se complicaba la vida. Y la astucia con la que resolvía cualquier problema. Era la Lolita de Nabokov; era la Violeta de Xavier Velasco; era la Lola de Ernesto Alcocer. Fue también mi primer personaje Marcela, en Invento que te invento. Mis primeros cuentos que participaron en un concurso y ganaron su publicación. Ella nunca supo de estas historias publicadas aún cuando estuvieron circulando de mano en mano por la facultad. Todos sabían que Marcela no era un ser de ficción y eso la hizo más atractiva. Ya para entonces, ella aparecía o desaparecía con la fugacidad característica de los años luz. De los años en donde nuestra juventud fue abismo y caída.
--sbc

Friday, May 26, 2006

Mar
He caminado de tu mano por un destino impropio, el tuyo. Admiro el valor con el que has enfrentado cada momento difícil, sin duda, han sido demasiados, y por azarosos que parezcan, tú has vencido todos. Agradezco tu confianza, la voluntad de seguir ofreciéndome un lugar en tu vida. Sin embargo, yo no puedo ni debo permanecer más tiempo así, en la expectativa de lo que ambas sabemos que no llegará a suceder. Mentiría si te afirmara que no me interesas; me preocupas cada vez que desapareces por días, por semanas, por meses. Y después regresas con la historia a la que se le agregan otros nombres, otros hombres. Y si todo lo anterior significa se tu amiga. Creo que he cumplido mi papel; el otro, nombrarlo sería rídiculo, absurdo, falso. Confieso que pocas veces me he sentido desnuda, desposeída, desierta... tres palabras que duelen tanto como aceptar que he decidido concluir mi espera, mi esperanza por ti. Mañana no sé. Guardo aún el papel donde inscribiste mi nombre: "Quisiera surcar contigo nuevos mares, abrazarte despacio hasta pertenerte mi alma a tu aliento. Quisiera comenzar contigo nuevos caminos, abrazarte despacio, al caminar decirte cuanto te quiero hasta cuando los años nos besen las manos". Quisiera yo también decirte gracias por este viaje compartido, no equivocamos nada ayer, mañana, mañana no existe.
diciembre 1996
Susana
*
Hasta el último atardecer de septiembre viví en Ella, luego vinieron los encuentros fortuitos; las llamadas anónimas. Lo que significa haber experimentado nuestra separación en ritmos perentorios difíciles de aprehender y en el fragmentación Ella quiere decir territorio, antes quiso decir puerto, y aún antes, Mar. Marcela
--sbc

Thursday, May 25, 2006

La suerte del primo Miguel

"Oye de Miguel, que te puedo decir: él está en una cárcel, según me dijeron. Porque cuando te detiene migración, te llevan a una cárcel y hasta que salgas porque estás violando su ley y blablablalabla... Tengo entendido que tienes una buena alimentación ahí, y que cuando te toca tu turno, sales. Es un poco de suerte, eso me lo dijo un amigo de Horacio que estuvo detenido y pues dice que es suerte. Cuando los agarra la migra, pues hasta que te toque la suerte y te dejan en la frontera.
Ya es mucho tiempo. Su esposa tiene que volver a insistir. Mira, yo ya pregunté y le dije lo que tiene que hacer; sólo que ella no me consigue el nombre del abogado. También yo no puedo estar hablando mucho aquí. Está bien que no me cobren las llamadas, pero esa es una larga distancia a Houston. Por los datos que me dio y pregunté si está en el consulado, pero es una cárcel y como dice el amigo de Horacio, es muy difícil conseguir una tarjeta ahí adentro. Imagínate. Si tardas como un mes. Él ya no debe tardar. Eso de que son 15 días no es cierto porque dice que los van llamando y hasta que se llene el camión, ya le dan su libertad. Y también si hablas y presionas para que sea rápida su extradición, te piden $$$$$. Así que bueno, ¡qué suerte!"
--sbc