Wednesday, May 24, 2006

La tumba india

Al margen Fritz Lang

-De modo que para eso acudiste a la cita, para decirme que por fin te casas con él.
-Sí lo siento.
-No lo sientas. En realidad, no hay nada que sentir, nada que lamentar. Todo está bien. ¿Y cuándo te casas?
-A comienzos de julio.
-Perfectamente. Que sean muy felices. Creo que harás una magnífica ama de casa.
-Por Dios, no son de tu estilo esos sarcasmos.
-Si crees que a esto se le puede llamar sarcasmo, estás muy equivocada. Puro y simple rencor, puras y simples ganas de mandarte a la chingada, ¿qué te parece?
-Que no lo tomas con mucha elegancia que digamos.
-¿Y qué me dices de la elegancia con que vienes aquí, después de llevar yo una hora esperándote, y me dices así, tranquilamente, que es la última vez que nos vemos?
¿Qué me dices de eso?
-Pensé que no te tomaría de sorpresa. Ya habíamos hablado de ello. En realidad, desde que iniciamos nuestra relación estaba claro que seríamos libres y que no habría ningún sentimentalismo entre nosotros. Tú estuviste de acuerdo.
-Sí, es verdad, no me toma de sorpresa. Y confieso que estuve de acuerdo. Pero creí que habías olvidado ya el pacto. Creí que sería tan hombre, que serías tan mujer y que habría tanto amor entre nosotros, que el pacto quedaría olvidado.
-Sabes que te quiero. No soy una ramera. Imposible haber tenido una relación así contigo y no quererte. Pero...
-Pero no me amas, eso es todo.
...
***
Hace años, quizá diez, leí por primera vez este cuento de José de la Colina. Fue en el taller de cuento que impartía Guillermo Lescano en la FFyL-UNAM. Uno de mis compañeros lo llevó y lo leyó en voz alta. Lo discutimos. Analizamos su estructura: una historia que son dos. Una lectura también entre líneas (como todas). A todos nos inquietó su contenido: el desencuentro amoroso. Todos o casi todos éramos jóvenes, jovensísimos. Veinticinco años. Estaba enamorada. Muy enamorada de la vida, de la literatura, de dos mujeres: Azucena y Marcela. Marcela y Azucena. ¿Era feliz? Seguramente. Miento. Probablemente. Acierto.
Leía con atención esta historia, sus palabras altisonantes, sus maldiciones, su rabia. El enojo. No habría podido escribir algo así. Alguna vez intenté parafrasear una historia como ésta. Ahora que el recuerdo en la lectura me toca el corazón y la emoción fluye. Sé porque hay historias que no, no sé pueden inventar así como así. Sería tan inútil escribir un relato de desamor sin que mueva a quien lo escribe. Esta es la razón de mi transcripción. El recuerdo de aquellos años donde el amor era una expectativa. Ahora sé que puedo escribir mi propia historia.
--sbc

Tuesday, May 23, 2006

En el hoy y mañana y ayer

"Las maravillas y miserias del amor. Sus oscuros fulgores, sus catástrofes. Caminar por el filo de la pérdida". Esto escribe Juan Gelman, poeta argentino, avecindado en México. Empecé a leer esta mañana: "En el hoy...". Me paralizó el epígrafe. Por segundos recordé a Ileana, recordé su osadía: llegó muy lejos. Llegó a mi corazón. Un corazón de por si roto y lo iluminó, luego desapareció. Oscuro fulgor. Ahora sí estoy caminando. Cuántos días sin poder dar un paso firme. Lento, lentísimo paso. Observo mi andar: una grieta más. No hay duda: camino por el filo de la pérdida.
Por lo menos tengo esto, mi propia manera de entender la belleza; la maravilla que es el amor; la miseria cuando nos deja. Y otra vez, estoy sola reinventando un corazón. La tarde, mi tarde espera: treinta seis escalones. Una habitación. La melancolía. El silencio.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer
Francisco de Quevedo
--sbc

Monday, May 22, 2006

La vida es corta

Yo: un sueño, esta mañana, me regaló tu sonrisa. Sé del silencio, de la ausencia compartida. Sé también de tu corazón generoso. Recibe dondequiera que estés, un abrazo fraterno.
Lizy: la vida es corta y el volver a todo lo que tú eres, para mí hoy es prioridad, como el volver a todo lo que quiero. Cuándo quieras yo quiero verte.
Yo: desde que recibí tu respuesta, no he dejado de pensarte. No sé qué decir después de tanto silencio. Gracias por tu respeto. Gracias por pensar que todavía hay mucho que decirnos. Gracias por estar, por querer compartirme de ti. Perdóname si mis acciones y omisiones han podido lastimarte. Somos otras lo sé. No es posible pasar por la vida, sin que algo se modifique en uno y a nuestro alrededor. Te necesito, necesito tu amistad, tu mirada conciliadora.
Lizy: Ay mi Susy! Créeme que nada sería más placentero para mí que ver pasar juntas la vida. Sólo dejemos que suceda.

--sbc

La amistad castigada

Cuánto silencio
Cuánta distancia
Cuánto enojo
Cuánta tristeza
Cuánta soberbia

--sbc
La historia de una posibilidad: Lizy y yo, la amistad
Totonicapán, Guatemala me abrió una puerta: tu amistad. Lluvia y viento anunciaban ya el tránsito postergado. Allí alrededor de la sencillez cotidiana de un pueblo k'iche, alguien me anunció tu nombre y desde entonces, desde aquella noche que abriste la puerta, estamos juntas. Dejar fluir, dejarse guiar por las percepciones, por los sentidos. He de confesar que el primer día de actividades de las jornadas, cuando los artesanos llevaron sus productos, salía una y otra vez; al igual que tú, quedé enamorada de la cajita de madera. Lejos de sentir frustración, sentí alegría porque tú la adquirieras. Compartir las afinidades, los anhelos, las obsesiones ha sido la constante de este tiempo.
De los cuatro puntos cardinales: norte-sur, este-oeste. Espacio-tiempo. Tiempo cíclico. Me conmueve, me conmueve haberme sentido extraviada antes de ti, como la niña que fui buscando el rumbo. Aún vivo aquel día en que acompañaba a mi mamá al mercado; no sé en que momento dejé de sentir su mano en la mía. La sensación de abandono me transtornó en medio de tanta, tanta gente. Sin llanto, regresé a casa. Nunca supe cómo crucé calles, el parque, la avenida en doble sentido; sólo deseaba encontrar a mi madre. Es la misma sensación que percibo cada vez que estoy en un lugar desconocido. Quizá, por esa razón cuando me indicaste el recorrido que habíamos realizado aquella tarde que nos alejamos del hotel para comprar chalinas; yo me sentía absurdamente despojada de dirección y tú fuiste lo suficientemente amable: mi temor infantil se desvaneció.
Desearía seguir escribiendo, describiendo cada uno de los momentos que he vivido con enorme sorpresa junto a ti. En cada uno hay algo mágico, hay algo que me remite al pasado y se confronta con el presente, es un momento catártico. Desearía también agradecer tu generosidad a través de estas cuatro imágenes que guían mi corazón.
Susana
12 octubre 2001
--sbc
El escritor

El escritor es el albacea de nuestra milenaria capacidad de transformación; es alguien que está solo, se va alejando de todo, y luego comienza a dar saltos en el vacío. En esos saltos se hace su camino.

Elías Canetti

--sbc
J'est autre
Al día siguiente traduje todas las cartas de la abuela Diamantina. Trece horas ahí, enfrente de la pantalla, buscando las palabras exactas pra decir mi más querido amor, te extraño con toda mi alma. (...) yo lloraba en silencio. Ay Diamantina, cómo le haces para que el amor siga creciendo, para que se conserve intacto a pesar del tiempo, a pesar de la falta de respuesta, a apesar de todas, todas estas noches en vela, solañando con los ojos abiertos, esperando con tanta paciencia. Dime Diamantina querida, cómo se le hace para ir queriendo, para quedarse en un lugar, para acoplarse a las cosas y no dejarse llevar. Cómo Diamantina, para escribir cartas que nunca se van a enviar y para seguir haciéndolo a pesar de saberlo (La alineación también tiene su belleza, CRG)
"Necesito aire", dije, interrumpiendo mi relato casi desde el inicio, huyendo de la ligereza de mi propia historia.
*
De las noches insomnes, de los libros imposibles. Leí esta historia y de alguna manera se transformaba poco a poco en la mía; como si mis deseos hubieran esperado estos años, todos estos cuatro años y esta encrucijada para poder aflorar en mi última carta.
*
Todo empieza, todo acaba y nada pasa en realidad.
--sbc
y qué

Luz: ¿Y qué?
Yo: No hay respuesta racional para este cuestionamiento.
Luz: ¿A poco eso va a cambiar lo que sentimos la una por la otra?

--sbc
VI
y wendy creció

No te perdonó nada.

Acércate para que me oigas bien: no te perdono nada.

Hubo días en que desmenuzamos oraciones sobre
pasadizos de hierba seca.
Ahí aprendimos a decir hoy hace calor, me gustan tus orejas.
Los perros fornicaban frente a los altares diminutos
de las aceras.
Era abril, creo, la sequía anaranjada de una tolvanera.

Era abril en una isla que alguna vez fue Venecia.

Y yo me volvía pájaro, niña buena, calle sin gente,
manera.
Yo me volvía yo, un paréntesis, un alado caer
de infinitivo, un caer lentísimo
parvada de aves azules con voluntad
de precipicio.

Había rostros en los que me surmegía como en diurnos
jeroglíficos.
Había plegarias que me rozaban la punta de la lengua.
Había sustancias que me sacaban de abajo y me hacían
caminar sobre las aguas
milagrosamente
multiplicaba el pan y las ganas y el espanto.

Había una ciudad repartida en geométricos cajones
que yo esculcaba con la prisa del hurto
o el temor de ser descubierta.

Había cuerpos, muchos; los años eran un ajedrez
de manos y de venas.

Había más, supongo.

Nunca volví a tomar 87 aspirinas por equivocación.
Nunca volví a creer.

Había frutas ácidas, caricias con picahielo
y lastimaduras altas como cordilleras.

Había más, supongo.

*He dicho que no te perdono nada.
Fichita azul, tipa de cuidado, bocaza de trementina.
Acércate para que me escuches mejor
esta es la sentencia:
y Wendy creció.

III. Los personajes del lugar
Los textos del Yo/Cristina Rivera-Garza
*Para Ilena también
--sbc

17*
(par la nature, heureux comme avec une femme
Arthur Rimbaud)

Tengo prisa.
Toda esta dulzura es ficticia.
He estado tan a punto de quererte estos días.
He estado a punto de decirte tómame como una plaza,
como un continente, como un país.
Cuando me distraje sobre el ventanal y las cosas
pequeñas se vinieron encima
estuve tan a punto de estar solamente
con los ojos abiertos del animal doméstico
y la amargura de un licor de cassis.

Luego llegó la mansedumbre a sentarse sobre
mis piernas
y como Rimbaud la encontré amarga y la insulté.

No puedo ser amable por tantos días.
Qué te cuide alguien más, qué otros se duelan por mí
qué sea otra voz la que hilvane uno a uno tus huesos.
Necesito una cama, un buen baño, una bata de franela.
Necesito como nunca necesité una chimenea,
mi silencio, mi vieja cápsula de espejos.
Hay un lugar dentro de mí a donde tú no llegas: mi médula
esta rendija en la madera
este maniquí con el ojo bizco del que se enamoran
las tuertas.
Necesito caminar sobre mis suelas feliz como
con mujer por la naturaleza.
Necesito bailar flamenco.
Qué empiece la fiesta
qué regresen los cuerpos para saciar esta imbécil
sed por lo perfecto
qué se abra una vez más el abracadabra del deseo.
Necesito tres cigarrillos, dos camellos, tu cerveza.
Que nunca más me conmueva el ancla de tu cama
y de tu cuerpo
que tu corazón deje de latir dentro de mi sexo
que tu rostro deje de ser el revés de mi camisa
y el envés de mi cielo.

Déjame en paz.

Tu convalecencia me pesa como un yelmo.
Necesito mis nubes blancas, mi maravilla de humo, mi gas.
Levántate mujer, anda conmigo por la naturaleza
que tengo prisa
que toda esta dulzura es ficticia
que no podré engañarte por mucho tiempo más.

La más mía
Cristiana Rivera-Garza

*Para Ileana con dulzura. Del último de nuestros (des)encuentros, después de la conversación atropellada con palabras altisonantes, la mejor manera de terminar una historia imposible es la poesía.

--sbc

Wednesday, May 17, 2006

El final

ayer esperaba pacientemente su encuentro. Había repasado la escena una y otra vez. "Esto no funciona";"Esto no está funcionando"; "Esto no tiene futuro". Miraba con detenimiento a los transeúntes que pasaban a mi alrededor mientras la esperaba fumando. Una. Dos horas. Mis frases comunes desaparecieron en su ausencia. "¡Esto ya fue!
--sbc

Tuesday, May 16, 2006

Buenos días, mamá
Buenos días, ma'. Apenas escuché su voz y me sentí viva. Feliz. Mamá me da todas las indicaciones de cómo debo cuidar mi pie. Ungüentos. Sales. Agua caliente. Vinagre. Mamá dice que si necesito compañía vendrá a verme. "Vas a estar bien si procuras todos los cuidados". Mamá me conoce. Le he dicho que el sábado comí con Lizy y mi sobrino Abraham; le alegró la noticia. "¡Qué bueno!, te hace bien estar con ella! Salúdala".
Le pregunto después por mi padre. "Está bien". Y me siento rara, a él casi no lo extraño. Me he enterado de que su mamá, es decir, mi abuela está enferma. Y entonces pienso en él no como mi padre sino como el hijo de una mujer moribunda. Y vuelvo a mi madre, desearía abrazarla. Sé que mi madre es en muchos sentidos la madre de mi padre. Mamá dice que mi abuela se ha despedido de todos sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos. Que sólo faltamos los tres hijos de su hijo, es decir, de mi padre. "Ojalá, tu hermano Andrés, la alcance", concluuye.
Cuelgo la bocina. Observo la luz del día a través de la ventana, la vida sigue...
--sbc

Thursday, May 11, 2006

Un verso
Leo, releo mi correspondencia virtual. Me siento contenta de las respuestas solidarias de mis amigas. Me siento sola (literalmente) estoy sola en la oficina. Vuelvo a la ventana de cristal ahumado para observar el exterior. Tranquilidad. El cielo abierto. La melancolía otra vez. Perdóname Luz, tenía que escribir. Tenía que dejar que el dolor saliera. Ahora sé que es mi pie. Mi corazón ya no existe. Miro hacia afuera y recuerdo este verso:
Nos sentamos por la tarde, observamos la oscuridad
que lentamente se
desdobla: ningún reloj cuenta esto
Septiembre
Ted Huges
--sbc
Cielo abierto



"Sólo hay amor en la imposibilidad de detener la fuga sin fin,
el infinito escurrimiento del otro"
Cristina Rivera-Garza

Junio 2002
Cd. de México-Toronto, Canadá
El cielo abierto
un avión de ida-un viaje sin regreso
me rompió el corazón
Junio 2002
El cielo abierto
una postal: el Skydome
el centro de Toronto
me rompió el corazón
Junio 2002-marzo 2003
El cielo abierto
el silencio absoluto
ninguna carta
me rompió el corazón
Marzo 2003
El cielo abierto
dibujó a sus nuevo héroes:
ella conoció a Marco, a David, a otro David...
a William Livingstone
me rompió el corazón
Septiembre 2003
El cielo abierto
la trajo de regreso
ya vivía con Will
me rompió el corazón
Noviembre 2003
El cielo abierto
La certeza: el amor mutuo
La incertidumbre: el Destino
El remate: la distancia
me rompió el corazón
Diciembre 2003
El cielo abierto
cartas, imágenes de un invierno a distancia:
El Ajusco en la Cd. de México cubierto de agua-nieve
En Newmarkert, Ontario, la nieve alcanza los 30 cms.
acá: lluvia de nieve
allá: lluvia congelada
El frío, la lluvia, este invierno
me rompió el corazón
Abril 2004
El cielo abierto
la trajo de regreso
Cuernavaca, Morelos
frente a la alberca conversamos los tres: Ella, Will y yo
me rompió el corazón
Mayo 2004
El cielo abierto
otra vez de ida
otro hombre, me cuenta la historia
a detalle de su héroe nuevo: Marko
me rompió el corazón
Agosto 2004
El cielo abierto
una canción: Paloma Negra
Lila Downs
me rompió el corazón
Septiembre 2004
El cielo abierto
Ella se casó. ¿Will, Marko?
No. Un tal Michael
me rompió el corazón
Enero 2005
El cielo abierto
un viaje onírico
embarazada: gemelos
me rompió el corazón
Marzo 2005
El cielo abierto
Azul definitivo
me rompió el corazón
Febrero 2006
El cielo abierto
un libro
tres personajes: Julia, Gregorio y Bodo
Tan oscura
me rompió el corazón
Marzo 2006
Una definición:
"Las águilas vuelan solas;
los buitres en parvadas. Luz, tú eres
un águila", Agustín Cadena, el ex-marido,
autor de Tan oscura
me rompió el corazón
mayo 2006
El cielo abierto
Ícara salió de su labertinto
mi corazón ya no existe
punto
*
Cada carta que recibo es un cielo abierto,
expectante, leo su mundo:
una hoja hondea un fragmento de su vida
entre mis manos, un color
Azul-cielo.
Un cielo (cada vez más) inalcanzable,
las palabras desaparecen entre nubes
las nubes del tiempo
...las horas luz.
*
enero 18, 2002
Todo comenzó una noche de enero, era viernes lo anoté en mi libreta: viernes 18
:Ella contenía toda la luz del mundo
:me cegó su luminosidad. Su belleza perfecta
*
Te ofrezco este corazón que no negocia con palabras,
No trafica con sueños y está fuera del alcance del tiempo,
del gozo, de las adversidades.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón;
(...)
Estoy tratando de sobornarte, con peligro, con incertidumbre, con el fracaso.
Two English Poems, Jorge Luis Borges

Cada vez que leo, releo y releo este poema, algo sucede en el tránsito de mi tiempo, de estos, mis días que me hacen recordar dos, tres líneas para decirte, lo que tú ya sabes de mí.

Destino:
Luz María Johnson
Gómez Farías 49-2
Col. San Rafael
06470 México, DF
*
Leí, releí tus cartas. Es insoportable este dolor; ya no distingo --el hueso y la carne--, no sé si el dolor que padezco es real; si es el hueso de mi pie derecho o si es mi propia cruz, la esperanza. El deseo de caminar o de seguir ideando tu regreso. De ir directo hacia la crucifixión puntual de la esperanza. ¡Ya no lo soporto! Me duele, me dueles.
*
Todo fracaso comienza con la luz, con el deseo de atraparla la luz para siempre. Cristina Rivera-Garza

--sbc
Amistad(es)
Sirvan estas líneas para enviarles un saludo fraterno y sobre todo para agradecer las emotivas muestras de afecto que recibí durante este par de meses. Deseo compartir con ustedes esos momentos únicos e irrepetibles que me llenaron de alegría. A tod@s l@s quiero mucho por devolverme el sentido de la palabra amistad.
A la doctora Cristina Rivera-Garza por su llamada telefónica que me sacudió la inercia y logró que diera saltos mortales para subir treinta y seis escalones y llegar hasta la azotea, en donde está mi habitación. Por "Romper el hielo" y acercarme a las Tierras Altas. Por brindarme su hospitalidad siempre generosa de recibirme en su casa, a la luz de las velas (y el vinito). Por las flores. Gracias.
A mis jóvenes y talentosos amigos del Tec de Monterrey, porque juntos logramos "Romper el hielo"; a Nad, por el viaje de ida y vuelta a Toluca, por el desvelo de mis miedos. A Julia por sus porras y su tarjeta virtual. Gracias.
A Tere, por dirigir el coro de las mañanitas por teléfono el día de mi cumple. Por Soliluna. Gracias.
A mis amores:
A mi Luz, por las mariposas que en vuelo ligero me traen tu presencia, por despejar la incógnita del autor del libro: Tan oscura. Por la complicidad literaria, por tus tres llamadas telefónicas desde Canadá. Gracias.
A Estela por sellar la tarjeta con un beso, siempre añorado, y enviármelo con el disco de Lila Downs. Por las largas conversaciones telefónicas y los mensajes en el cel. Gracias.
A Ileana, por las escapadas nocturnas al Parque México, por el amor fugaz, por la imposibilidad. Gracias.
A Lizy, mi Lizy por el reencuentro con el amor, por ser siempre luz en mi vida. Gracias.
A mis compañeros de chamba por sus constantes llamadas telefónicas, por los chismes de ocasión: Panchito, Thelma, Rebe, Mirna, Martha, Ceci y Beto. Gracias.
A la librería Julio Torri, por los libros enviados. Gracias.
A la familia Bárcenas Smith, por hacer de Ámsterdam 62, un dulce desafío. (jajajajajajaja)
Habrá que ir marcando fecha para celebrar la vida, la amistad, y mi cumpleaños, sino el cumple de Estela, ustedes digan cuándo, que yo vuelvo a las andadas.
--sbc

Tuesday, May 02, 2006

Ella viene del Sur

a Ileana
Ella viene del Sur. Atraviesa como una luz
la distancia, la percibo con su aroma abrazante.
Mis ojos miopes, mis brazos atados, mis pasos torpes
se contienen. La respiro.
Ella viene del Sur.
Vainilla, vainilla, la sigo.
La noche es día, el día, noche: un parque.
Transeúntes caminan en paralelo, un perro husmea
en el borde, los secretos.
La primer confesión tristísima:
"Me mordió el amor de una mujer"
y le muestro la cicatriz del brazo izquierdo,
se llamaba...
Sí, la primer confesión tristísima:
"El amor es un perro rabioso".
Ella viene del Sur.
Acaricia mi pierna derecha, toca mis huesos;
sus manos se deslizan como ramas sobre mi piel.
Se inclina y deja caer suave
un beso
sobre un dedo de mi pie:
vainilla, vainilla, me estremezco.
Ella viene del Sur.
Trae música y pan envuelto en celofán.
Pan de chocolate y una sonrisa nueva.
Le ofrezco: un sol de madera y nubes de algodón.
Noche trémula.
Azul.

--sbc
Aquí debería estar tu nombre

"El día ondulante, el crepúsculo, el tremar de las hojas en el aire húmedo..." Estoy finalizando la lectura de una novela: Tan oscura. Y el día, la lluvia, el viento como las letras impresas del libro, están aquí frente a mí. Hoy dejé que las gotas de lluvia tocaran mi rostro, por fin, respiro vida. Y la celebro. Hoy también encendí una vela de color: blanca. Necesito luz, necesito reconocer el camino.

He puesto un poco de orden en mi habitación. Veinticuatro días en penumbra. El polvo se acumuló por todos los rincones. Tal vez, lo más significativo son los papelitos en los que suelo comenzar historias y guardarlas en el libro que esté leyendo. Me encontré tres. Apenas un esbozo, una cuantas oraciones:

"Como todos los jueves por las mañanas desde hace un mes y siguiendo con el ritual, me dispongo a cumplir mi papel: ser su cazador. Ella ni siquiera se sabe observada. Ignora que sus momentos más íntimos han cruzado una suerte de frontera."

Ahí me quedé. ¿Falta de imaginación? No lo sé. Uno debe dejar descansar el pensamiento y no obligarlo. Las historias deben fluir en sí mismas. Deben seguir su propia rumbo.

...

Ella sigue de viaje, es el título de un libro de cuentos. "El croar de las ranas", mi favorito. Y este disco que estoy segura te encantará. Disfrútalos. Son tuyos como mi corazón.

No hay nada detrás y yo sólo camino
por donde tú me llevas
marzo 26
Susana
--sbc
A la orilla
a Ileana
Pasó el tiempo, como siempre pasa,
justo a la orilla de uno.
Nos sentamos por la tarde, observamos
la oscuridad que lentamente se desdobla:
Ningún reloj cuenta esto.
Cristina Rivera-Garza
I. ¿Cómo llegué aquí? Una calle circular, más bien es un óvalo. Esta calle da origen al nombre de su colonia: hipódromo de la Condesa. Vivo en Ámsterdam 62. Vivo aquí desde agosto pasado. Una casa antigua, construida en 1928 por el ingeniero Dantan. Luego, habitada por la familia Aguilar, según me relata su actua dueña.
Llegué a esta casa por sugerencia de mi hermana mayor. Cuando decidí venir a vivir aquí, las condiciones materiales no pasaron desapercibidas. Su marcado descuido en el exterior la colocaba en un sitio marginal. Fuera del contexto de una colonia viva, moderna. No obstante, su localización me atrajo: Ámsterdam y Sonora. Sonora y Ámsterdam. La contraesquina del tiempo, del olvido.
La casera me mostró el segundo cuarto de la azotea recién acondicionado. El piso de loseta con formas semejantes a la madera. Dos ventanas amplias una en la parte frontal y otra al costado. Mil quinientos pesos al mes. Acepté. Ella me preguntó por el color interior. Sugirió rosa o durazno. "Blanco". Concluí. Aunque el área de servicios: baño y cocina se ubican en el primer nivel. No habría inconveniente, yo sólo utilizaría el primero para ducharme. Me advirtió de la puntualidad en el pago y la prohibición de visitas.
A la siguiente semana, empecé la mudanza. Me parecía una falta de respeto cuestionar la forma de vida de sus moradores. Aunque era más que evidente el desorden en la casa. Pero, yo sólo ocuparía una habitación. Un dormitorio. Aislado. Solitario. Silencioso. Fuera de su ambiente familiar. "Buenas noches, buenos días", eso era suficiente para mantener una relación cordial. Distante.
II. Mi madre siempre al pendiente de mí. Estaría más segura de que su hija predilecta siguiera viviendo en la constante de una vida cómoda: el supermercado. El mercado. La panadería. La farmacia. La lavandería. El correo postal. La iglesia. El parque España. El parque México. Los jardines que rodean esta casa, este circuito. El transporte y las diversas líneas por donde arribar: Sevilla, Chapultepec, Chilpancingo, Patriotismo y otras más. Insurgentes y su Metrobús a unos cuantos pasos.
Los parientes cercanos en la colonia vecina, Roma.
Mi vida de agosto a enero transcurrió sin sentir gran pesar por el cambio. Visitaba a mis padres cada fin de semana y a los nuevos parientes que se iban sumando en cada visita. Nuevos sitios. Nuevas rutas. En este vaivén no hubo momento para añorar el pasado. Por supuesto, la añoranza primera: mi madre. Su comida, su protección, su cobijo nocturno, sus cuidados. Mi madre es una mujer entregada a sus hijos, a sus nietos, a mi padre. Amorosa. Dulce, La más mía.
III. Una caída. Un tropiezo. "Ni siquiera me dolió", me levanté del suelo y aborde el Caminante. Recuerdo haber pisado algo muy suave. Algo que se deshizo debajo de la suela elástica de mi zapato. Subí de prisa. Durante una hora, fingí mirar con atención la película que se proyectaba en la pantalla. Deseaba llegar. Dormir.
IV. Encendí un cigarrillo. Tenía deseos de inhalar profundo un tabaco fuerte y dejar escapar el humo. Lento. Lentísimo. Mirar el humo. La nada. Dormir.
V. Desperté en una pesadilla.
Hace quince días que me despierta el zumbido de moscas negras. Merodean
mi cuerpo, mi alrededor. Siento asco. El olor a basura acumulada, pútrida.
Los orines del gato. La pestilencia total. Avasalladora.
Cuarto día sin bañarme. Soy parte ya de este cuadro patético de abandono.
Siento comezón en la planta del pie derecho. Inmóvil. Tres dedos asoman
pálidos. Grises. Fríos.
Miro las muletas que ha traído mi hermana mayor. La observo sentada
en el sillón de enfrente. Me dice: "hay cosas peores, por lo menos tú tienes esto",
se despide.
Un sillón viejo rechina en la penumbra. Las horas pasas lentas. Eternas.
El insomnio ha regresado, las moscas también, zumban
sobre mi cabeza. En mis oídos, la gotera del baño no cesa:
tac, tac, tac, tac.
La madrugada cae afuera
no la distingo. No la veo.
No hay luz, sólo esta negritud que corta mi respiración.
El aire huele a mierda.
A la orilla pasa el tiempo.
Un sillón viejo rechina en la penumbra. La puerta como un cielo alto.
Inalcansable.
A la orilla pasa el tiempo.
--sbc
Orfandad
Ha sido un periodo de claroscuro. Un lapso de abandono. Soledad. Mes y medio sin poder dar un paso real. Sin poder equilibrar mis emociones. Las que ya han quedado atrás y las nuevas. Mezcladas en mi cabeza. Dando vueltas sin parar. Atrás ha quedado el deseo contenido de ir por más, de ganar tiempo al tiempo, de vencer. Adelante. La sin derrota. El silencio. La historia que es sólo mía.
...los que estamos
despiertos
desde el alba hasta el advenimiento del alba
sobre sillas de plástico color naranja y los huesos rotos
de tanto ir
hacia el vidrio de la esperanza
hacia la burla inminente de la esperanza
hacia la crucifixión puntual de la esperanza.
Noches que no son noches, que son sólo horas de insomnio. De ideas que se revientan como burbujas en la piel. Obsesión. Los ojos hundidos. Los labios secos. La sed de leer más palabras, la sed de pronunciar los nombres amados, las palabras subrayadas de los libros imposibles. Alrededor no hay nadie. Sólo una pila de libros que leído y releído hasta saciar mi sed de luz.
***
Son las seis de la tarde, es la hora de prepararme para ir a terapia. Fractura de la base del V metatarsiano con dtos de retardo en la consolidación. Todos dicen que exagero mi malestar. Y yo he comenzado a creerlo. Y me lo repito cada vez que veo el ir y venir de la gente en esta ciudad, ya sea por su propio pie o en automóvil, nadie respeta los lugares para discapacitados y las banquetas de las calles están hechas de hilos suspendidos. Camino sobre el trapecio de mis miedos, supongo que es una exageración. Que debo recordar que mi padre tiene los años míos de equilibrar la luz de un ojo y la ceguera del otro. Por eso siempre está en casa. Por eso es siempre un niño torpe buscando a mi madre. Creo que eso es en lo único en lo que coincidimos, en la exageración de nuestra necesidad de luz.
***
Mi pie desnudo toca el frío que se clava como una aguja a través de la piel.
***
Ella es un tramo de terciopelo negro agujerado de estrellas. Ella es la fragilidad de la esperanza.
***
Mi orfandad danza con la lluvia de mayo.
--sbc

Saturday, April 29, 2006

El hueso y la carne
Una luz tenue casi gris anuncia el transito del día. Las horas. Un viento suave acaricia las hojas de los árboles de durazno, chabacano y pera. Los pinos bordean las Tierras Altas. El horizonte. Un coro uniforme acompaña con su música mi melancolía callada: "Son muchos años de perseguir la luz. Es la primer frase que viene a mi memoria. La memoria es lenguaje. Recuerdo. En el cielo una parvada de aves se pierde a lo lejos. Desaparece. Un dolor punzante sacude mi pie desnudo. Me duele el hueso y la carne. Me duele la fisura y la herida. La cicatriz abierta: tu ausencia. Inmóvil, el tiempo se columpia en mis dos muletas. El eco sonoro de tu nombre es cada vez más distante. La luz. Desaparece.
--sbc