Friday, February 17, 2006

La juez

Hay años entre las dos
olor a palabras juntas y muchas horas
una madrugada que apareció azul por la ventana y nos
hizo pensar en algo largo (infinito humo,
maldades, tamarindos).
Nos miramos como el guiño ciego de los espejos tantas
veces
bajo el escalofrío de la llovizna el mismo paraguas
nos cubrio de Agosto.
Íbamos sobre las banquetas como sobre abismos.

¿Existió la gota que me erizó el organismo?

Tu nombre sabía a paréntesis, creo.
Creo que eras el ruido de la puerta que rechina,
el ángulo de luz, un vestido.
Creo que una noche llegaste a la cantina con la pijama
puesta y el cabello húmedo de mandarinas.
Creo que había pólvora y cocaína bajo tus suelas
cuando el perro de la nostalgia te mordió
los tobillos.
Que te conocía como el mapa de mis manos, creo.

¿Existió el humo de los mil cigarrillos?

Te llamabas días en que fui feliz.

Cuando tu nombre era Bolívar, en tu ojo derecho había
un restaurant chino y el izquierdo estaba vacío.

Tus hombros caídos querían decir complicidad a la par
de los míos.

Vivíamos en el universo prehistórico de las mujeres
solas, creo.
Antes de que se inventaran los registros, inscribrimos
sombras en el muro blanco y en el piso.

Creo que en la gramática de los huesos nuestros
cuerpos eran puntos suspensivos.

Te llamabas Ciudad Más Grande del Mundo.
Te llamabas afortunadamente.
Te llamabas todas las cosas y cuando yo decía todas
las cosas murmuraba tu nombre más querido.

¿Existió el libro y, dentro del libro, existieron
las páginas del libro?

Hay años maredos de alcohol entre las dos, luces
indescriptibles, horas mordiéndose la cola.

¿Existieron las luces?

Nos pintamos las uñas juntas, creo.

¿Existieron las luces?

Dime que existieron las luces.
Dime que todavía respiras el humo de los mil
cigarrillos.
Dime que hay una gota de frío resbalando
por los cuellos de todos los agostos
que había charcos de tinta china entre las páginas
del libro, dime.

Mejor no me digas nada.
El olor a palabras juntas es tu olor, creo. Vaho gris.
Aliento matutino.
Estanque menstrual donde se hunden los cartílagos
de los niños.

Lodazal.

¿Existieron las luces?
¿Hubo alguna vez banquetas que se abrieron como
abismos?

Nunca supe tu nombre.
Creo que nunca bajé al sótano de tus celdas.
Creo que nunca oí, nunca
la condena a muerte que dictaste para mí.

La pena.

Cristina Rivera-Garza
Los textos del Yo
Libro II: Yo ya no vivo aquí
III. Los personajes del lugar

--sbc

¿Luz, sabes quién es el autor?
...estaba triste otra vez, desilusionada de sí misma, empobrecida por lo que había pasado con Bodo. ¿Por qué no fue capaz de pedirle que se fuera? ¿Por qué aceptó vivir algo que a ninguno de los tres hacía feliz?
Pero se sentía enamorada de Gregorio y por eso, por encima de su tristeza, sonreía. Esa noche durmió con él, los dos solos. Bodo se quedó borracho otra vez en la sala, cubierto con una cobija que Julia le puso encima como si hubiera sido su hijo.
Gregorio la tomó a ella de la mano y la llevó a la recámara. Fue una sorpresa que se portara así. Y no era por el alcohol. Estaba sobrio. Una ternura muy humana, de hombre terrenal, lo envolvía y lo saturaba. Él mismo acabó por rendirse a aquello. Se rindió a la animalidad de Julia, al ardor intoxicante que se desprendía de su cuerpo. Se rindió al placer de sentir cómo su lengua se abría paso entre los labios de ella, cómo se apretaba contra el filo de sus dientes. Y ella lo desvistió y se puso a acariciarlo con toda su piel, lentamente, sin pensar en lo que seguía después, extraviada en una especie de hervor pasivo, interior.
Pero él no quería esperar ni quedarse quieto. Él también ansiaba besarla toda, contemplarla, dejar que su memoria tomara instantáneas de ese encuentro para cuando ya no hubiera otro, para cuando sólo quedara eso --los registros mentales-- en medio de una oscuridad ya sin fin.
La acomodó sobre la espalda y después boca abajo, sobre un costado y sobre el otro, desmadejada, con las piernas abiertas y luego juntas, con los ojos entornados, mirándolo. Así hurtó su memoria todo cuando en ese instante era ella: su boca entreabierta, la curva de sus brazos, los hoyuelos de sus rodillas y la lisura de sus piernas, el molusco inflamado que babeaba entre vellos serpentinos y herbosos. Julia era una mar honda y secreta y en su interior habitaban pulpos, medusas eléctricas, peces de muchos colores que respirban un agua suave, proteica.
Después de mucho tiempo, se entró en ella. Se entró conmovido hasta lo más hondo, estremecido. Tuvo la certeza de que sólo cuando llegaba al interior físico de Julia, cuando lograba abismarse en ese alvéolo de calor y voracidad y ardorosa ternura, podía conectarse con los circuitos de poder de su propia alma, con su destino, con lo que había sido en una oscura infancia, antes de todo lo triste y todo lo sucio.
Y Julia lo recibió así, sabiendo esto de alguna manera. Lo quería. Se lo dijo, se lo dijo tantas veces en esos momentos. Se lo dijo en el odído, en el pecho que se mordía quejumbrosa. Habría hecho todo por él, lo que él le pidiera. Así era el deseo de ese hombre maravilloso: una fuerza capaz de vencerlo todo, un filo de espada contra el cual se desgarraban la soledad, la derrota, el miedo, la inercia. Ni siquiera la memoria con su arrastrar de cadenas podía hacerle frente. El deseo de ese hombre era una llama que alcanzaba todo.
Julia sentía un temblor de fiebre que empezó a nacer en lo más oscuro de su carne, fulgurante, y fue creciendo, sollamándola, hasta convertir su cuerpo en el látigo que un brazo invisible hacía estallar una y otra vez en espumarajos de cólera. Arrebatada, ebria, le pidió a Gregorio que le mordiera los pezones mientras la tomaba. Él comenzó a hacerlo suave y cuidadosamente, como si sólo se valiera de los dientes para chupar mejor. Ella detuvo el movimiento de su pelvis y apartó a su amante para mirarlo a los ojos. En las pupilas dilatadas creció un anillo de negra luz. Una sombra atravesó el espejo y se perdió hacia lo más profundo, dejando la huella de un fulgor helado. No era su mirada, era otra, venida desde muy lejos.
¿¿¿¿????
--sbc

Un lectura acerca del Amor

"Octavio se fue y no regreso en un mes ni en dos ni en nueve. Escribió a Ema una carta donde decía que la amaba, que lo esperase, que volvería."

Era un amor conciso, sin besuqueos.

*taller de narrativa
Daniel Sada

--sbc

Monday, February 13, 2006

Un minuto

Este no saber me toma por sorpresa: un minuto para decidir. ¿Una puesta del destino?
Llegué al teatro. Solicité mis boletos. Observé de reojo los nombres en la lista de invitados: Mtra. Azucena Rodríguez. Su nombre explotó en mi cabeza. Sentí terror, ¿con quién llegaría?, ¿por cuál puerta?, ¿en qué lugar se sentarían?
Ha pasado tanto tiempo y aún siento esto que no quiero calificar. Pensé en huir por la puerta del estacionamiento, luego, imaginé su encuentro, su rostro, su voz, su sonrisa, sus manos largas entrelazadas en las mías. De inmediato, la figura fantasmal de su acompañante borró el deseo de quedarme. Faltaban pocos unos minutos para que la función diera inicio. "¿Qué hacer?"
Me senté cerca de la puerta.
Primera, segunda, tercera llamada.
Azucena Rodríguez
Azucena Rodríguez
Azucena Rodríguez
Mi nerviosismo aumentaba, la gente con retraso fue tomando los últimos lugares.
Se apagaron las luces para iluminar sólo el escenario. Durante dos horas no supe nada de mí, ni de la obra, sólo de aquellos años donde ella fue el personaje de ésta, mi historia.
--sbc

Friday, February 10, 2006

Las mujeres vampiro

Mujer vampiro. Yo también lo soy, de alguna manera, bebo su sangre. El sabor de su piel me recuerda a ti, Luz. El parque México. El viento ligero proveniente de ninguna parte. Las jacarandas pegándose a nuestros pies. La noche interminable, infinita.

El paisaje onírico y las mujeres desnudas.
La astrología.
El azar.

--Tú y yo teníamos que volver a encontrarnos.
--"Sí, en otra vida, como siempre".

me gusta morder tu cuello
chupar tus labios
beber tu sangre

Algún día, en otro tiempo volveríamos a encontrarnos. Está aquí, no tengo duda. Somos la misma Mujer Vampiro.


--sbc


Juráme

En una escena bastante ¿? --de esas que sólo se viven una vez, y luego, vuelves a contarla una y otras mil--. Ileana me cantó al oído:

Juráme que aunque pase mucho tiempo
no has de olvidar el momento en que yo te conocí.
Miráme, pues no hay nada más profundo
ni más grande en este mundo que el cariño que te dí.
Besáme con un beso enamorado
como nadie me ha besado desde el día que nací.
Quiéreme, quiéreme hasta la locura.

Alguna razón tuvo para escoger a María Griver.
"Quiéreme, quiéreme hasta la locura".
¿La locura? ¿de quién? La de ella o a la mía o la nuestra.
¡Bendita mujer!

--sbc
La Otra, la misma

Ha regresado La Otra que soy
ya se mordió la lengua. Ha intentado feroz
morder el deseo, pero Ella no está. Alguien apagó la luz.
gira, gira, gira
se muerde la cola.
La boca ensangrentada escupe un nombre.
boca vacía, boca, boca
vacía, boca, gira

--sbc

Thursday, February 09, 2006

(Des)variado amor
1
Y, dime:
Si te tocara de repente
Si nuestras ropas desmayaran como rápidos rubores
Y entonces
enfrentados:
¿Cómo sabríamos mentir sobre lo unívoco de lo fálico?
Juan Carlos Bautista
*
...cada quien tiene su versión de las cosas; que toda esta historia que he leído, releído y subrayado es UNA GRAN MENTIRA que sólo sirve para eso: INVENTARSE. La realidad es otra, que nada tiene que ver con esos cuentos, o acaso...
Invento que te invento
(las mayúsculas son mías y la historia también)
*
Ileana también se llamaba Lola, es decir, Marcela, es decir, la Mujer Imaginada del cuento, es decir, la Mujer de la Vida Real y Verdadera.

--sbc
Discursiones sobre el mismo punto

3
Es bueno enamorarse, después de todo.
Es bueno empaparse en miel,
correr a las furias como moscas,
quedarse sin ciudad y sin neurosis.

Sólo el amor despeja la culpa;
es decir, el verdadero amor,
el que nos devuelve sin piedad
la glotona cursilería.

Y es que el amor es la única eutanasia,
la única mentira que mueve al mundo.
Vivir en el amor es vivir en la mentira.

Porque, ay del amor si no es mentira:
acabará trastocando el mundo.

Jura (poemas sométicos)
Juan Carlos Bautista

--sbc

Xavier Villaurrutia
Hay poetas que quedan por unas líneas, por un poema, por un libro, por un conjuto de poemas o de libros, por algo que es difícil explicar estéticamente, que sería esa impresión que tenemos frente a la obra, como si las partes no fueran necesariamente satisfactorias y sólo la iluminación total nos diera la imagen. Xavier Villaurrutia publicó tres libros en el curso de su vida: Reflejos (1926), Nostalgia de la muerte (1938) y Canto a la primavera (1948). Mientras el primero y el último parecen --salvo instantes y poemas de excepción-- irse desgastando y maltratando con el tiempo, Nostalgia de la muerte, por el contrario, resiste y gana: cada lectura y recuerdo afirman y afinan la impresión. Hay libros o poemas que se nos imponen desde el principio; otros se desgantan en mayor o menor medida; otros, como Nostalgia de la muerte van adquiriendo nuevo brillo --o quizá mejor, nuevas opacidades--, nuevas cadenas de sonidos, poemas que nos hacen entrar a un mundo donde el hombre parece encontrar sólo respuestas angustiosas, lúgubres: un mundo de sueños, de sombras, de ecos, de silencios, "un mundo en el que todo ha muerto"
Texto de Marco Antonio Campos
en Nostalgia de la muerte
ediciones coyoacán,
México,1997
*
Nocturno en que nada se oye
En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisble
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿y qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nada responde
porque el sueño y la muerte nada tiene ya que decirse.
Xavier Villaurrutia
--sbc

Tuesday, February 07, 2006

El punto fijo
Soy emocional. No suelo definirme. No creo en las definiciones ni en las fronteras. Sólo en la colindancia. Pienso entonces en las ciencias duras. Quizá porque de reojo miro por la ventana al Premio Nobel de Química 2005, que pasa rumbo a la Sala Miguel Covarrubias. Pienso en todo lo que debo leer de ahora en adelante. Y tantas distracciones. Pero, hoy me percibo emocionada, exaltada y es por los correos que he recibido de mi amiga Lola.
Recibir sus comentarios lúcidos, su guía constante y sobre todo el tono de sus escritura me entusiasman mucho y, al mismo tiempo, me hacen sentir aterrada. Es como si quisiera saltar y ella estuviera detrás gritándome: ¡vamos, vamos, tú puedes! Luego, yo observo hacia delante, hacia abajo y deseo caer en un punto fijo. No tengo miedo de saltar ni de caer. Sé que voy a hacerlo. Es el punto fijo, el que me aterra: la obsesión.
--sbc
Intuición

El fin de semana, lo pasé agusto: mi familia y el campo. El sitio donde encuentro paz, o mejor dicho, encontraba paz. Porque la tranquilidad no es igual a una persona o un lugar, es más bien, un estado de equilibrio emocional que nos permite convivir con los demás. Y mis emociones están alteradas desde hace algunos días. Mi intución me da respuestas. Las respuestas, ¿certezas? No, más bien posibilidades. Pero, entre mi familia y el largo camino de regreso: Un aliento diferente. Me detuve a leer poesía. Los dos poemas escritos en lengua portuguesa: Máquina del mundo y
Anatema

No amas y no puedes
leer el libro de la vida.
Sin amor ningunos ojos son videntes.
La tarde triste es el sol que no consientes
al corazón.
Mundo de soledad,
el que atraviesas,
es un desierto habitado
donde sólo tropiezas
en la sombra de tuyo desencantado.

Miguel Torga

*

Luego, cuando llegué a la ciudad de México, pensé en el día de mañana, es decir, hoy. La pregunta de ayer:

--¿Ya ha leído mi hoja?

*

"Sin amor ningunos ojos son videntes".


--sbc
Máquina del mundo

El Universo está hecho esencialmente de ninguna cosa.
Intervalos, distancias, agujeros, porosidad etérea.
Espacio vacío, en suma.
El resto es materia.

De ahí que este escalofrío,
este llamarlo y tenerlo, seguirlo y afrontarlo,
esta grieta de nada abierta en el vacío,
debe ser un intervalo.

Antonio Gedeao
Formas breves II

Formas breves de decir sí

--entonces, nos vemos mañana, si llegas tarde, de cualquiera manera, espararé.

*
--si no puedes llegar, no te preocupes, lo cambiamos para el día siguiente.

*
--... y el sábado?
--No. Ya sabes, trabajo.
--pero, puedes salir un poquito antes, ¿no?
--Depende
--¿De qué?
--¿Adónde vamos a ir?

*
--Está bien. A donde tú sugieras.

sbc

Saturday, February 04, 2006

Ci sono

Le ho consigliato di non frequentare quella tazia.
Ma coure ha detto basta.

--sbc

Friday, February 03, 2006

Geometría del espacio
Leer se ha vuelto una obsesión. Leo su cuerpo. Leo la ciudad. Leo la otra ciudad, la Universitaria. Sigue creciendo y nadie me pregunta por la construcción cercana a la Biblioteca Nacional. Nadie pregunta nada. Recorro el Centro Cultural dos o tres veces en la mañana o en la tarde. Nadie pregunta nada. Ni los jóvenes estudiantes de arquitectura que se sientan a realizar trazos frente a la Sala Nezahualcóyotl o aquellos que van unos pasos más lejos, a encontrarse con el Paseo Escultórico. Nadie pregunta nada. Y yo, adivino su cuerpo detrás del cristal que me devuelve mi imagen espía. Me detengo en ella y la imagino de pies a cabeza. Y surgen preguntas: las líneas de cruce, la tridimensión, el punto fijo. El lenguaje del cuerpo. La geometría del espacio.
*
que dos cuerpos se atraigan
que dos lenguajes dialoguen
que dos mujeres se amen
--sbc
Formas breves

Formas breves de decir no:

--¿Qué hora es?
--Las cinco de la mañana.
--Qué rápido se fue el tiempo. ¿Por qué te estás vistiendo?
--Tengo frío
--¿Frío?

*
--Eres tan tierna.
--¡Devuélveme mi brassier!

*
--Yo nunca me había sentido tan bien con una mujer.
--Entonces ven.
--Ahorita que regrese.

*
--Estoy enamorada.
--¿Enamorada?

*
--Apenas te conozco y no sé si quiero conocerte más.


sbc
--


una hoja que cae

Tiré una hoja desde el segundo nivel. Ella lo contuvo. Bajé corriendo y pregunté el lugar dónde cayó. "¡En mis manos!". No, es verdad, y yo quiero creerle. Me manipula, ya no el deseo, la ilusión. Mientras la abrazó, la hoja se entrelaza en mis cabellos cortos. La ilusión. Y este no entender su lenguaje corporal: me abraza con fuerza, me acaricia el cabello y luego dice: "no quiero compromisos".
Y yo soy la hoja que se desliza en el aire. Que cae en el suelo,
ella la recoge.
Soy una hoja que aprietan sus manos.
Luego, la leeré, dice. "Hace frío y estoy cansada". Y no quiero creerle. No va a leer nada ni está cansada. Sólo hace frío.
Se va con mi hoja entre sus cosas, ya no en sus manos, en su bolsa grande que no sé qué más contenga. La introduce como se guarda aquello que no interesa, que estorba. El otro lenguaje que ignora, la poesía.
--sbc

Thursday, February 02, 2006

Lectora activa de CRG

Un libro de la doctora con la inscripción de su firma cruzando la hoja:

Los texto del Yo

se lee en la portada. ¡Ya los leí!

Los reeleo. Su poesía, su narrativa crecen, crecen y se desbordan. ¡Ya no le pertenecen!
¿A cuántas personas les he obsequidado "Nadie..."?
A las escritoras chicanas en su visita a México.
A mis amigas: Estela, Lizy, Olivia, Soledad...
¿A cuántas personas les he hablado de su narrativa?
A toda mi familia, seguramente.
A mis sobrinos: al que me habla de hip-hop y al que se dice spoken-poet.
A mis amigos de la facultad de filosofía y letras.
A mi hermana mayor, que se equivoca y agrega: "Ah sí, Pacheco, Cristina Pacheco, ¿verdad?".
A mis amigos del Instituto.
A mis amigos de Difusión Cultural.
A mis amigos extranjeros.
Al desconocido que viaja a mi lado.
¿A cuántas personas les envío alguna nota, algún fragmento evocativo de su narrativa?
A Luz, a mi Luz de Canadá. En nuestra correspondencia su nombre es una constante de la mejor literatura mexicana.
¿A cuántas personas les he regalado uno de sus poemas?
A mi madre, a La más mía.
A Ileana, quien me hace temblar sólo con mirar su silueta tras el cristal de la "Azul y Oro".
A Ileana, quien literalmente me mueve el piso. El suelo de roca volcánica de Ciudad Universitaria.
A Ileana, los versos de (La hoja).

De la hoja, de la otra hoja marcada por una firma como un destino ineludible: la escritora.

Acaricio el libro; detengo mis dedos entre sus páginas. Soy una lectora activa de una obra prolífica y releeo el último verso de IV. los vacíos del lugar: (Aquí no se oculta nada).

--sbc
A
L

Dedicatoria

Cristina Rivera-Garza

estos
Los textos del yo
(que bien podrían ser del tú)

le son entregados a
Susana Bautista
un 23 de enero, en pleno
invierno, al pie del volcán, con
mucho, mucho, mucho cariño

FCE

tierras altas un abrazo


--sbc
(La hoja)

Quiero dejar de temblar.
Cuando escucho tu voz quiero ser tallo
y no hoja sacudida
y no este espasmo que me quiebra.
Nunca más esta vergüenza.
Pero escucho tu voz y sigo siendo
la palabra arena cayéndose de seca.
El ángulo por donde se rompe en pedazos la certeza.

Afuera llueve y adentro
amanece un perro muerto en mis esquinas.
¿Es esto la ciudad?
Un loco balbucea con su vestido de piel: saliva.
Los niños juegan a morir en paz.

He dicho que quiero dejar de temblar pero tu voz son
demasiadas voces
y alrededor se me estrecha sobre el cuerpo
en espiral.

¿Qué se hace cuando no se puede respirar?

Me da pena caer como caen a veces las cosas
de rodillas.
Cuando la debilidad me envuelve con su hálito
de espinas
los objetos son de helio y huyen despavoridas a otro
lugar.
Y el temblor no cesa
y soy hoja que cruje y nunca tallo
espasmo, sincope de luz, quebranto.
Un navío transparente sobre aguas de cristal.
¿Qué se hace cuando el suelo empieza a girar?
Me da pena arrastrarme entre las patas de las sillas
y ser la mosca que da vueltas en el frasco de espanto.

Afuera sigue lloviendo y adentro
me avergüenza este cuerpo desollado
estos ojos al revés
esta colección de insectos incrustados en la tapa
de la lengua.
Me da pena que me preguntes qué pasa
y tartamudear con la cara sobre el ventanal: nada
es sólo la lluvia y la hoja
que caen.

Cristina Rivera-Garza

--sbc

Tuesday, January 31, 2006

enero 26, 2006

El nervisismo transparente en las palmas de mis manos. El tic-tac apresurado en mi muñeca izquierda/la aguja del reloj que se inserta en mi garganta. "Ya casi son las...", me repito. Evoco el tiempo que aún no llega. Repaso la escena con detalle: "¡Las ocho!

***

otra vez ocho: 26, 2006: 8 pm

***

una cita (im) perfecta: "la expectativa de una amante no es la misma de aquella, aquien se ama. Amantes son de su propia separación".

--sbc

Monday, January 30, 2006

Resistir

"Toda escritura nace de una herida que nunca cicatriza porque su abertura es la posibilidad de la escritura".

de Errar,
Eduardo Milán


--sbc
Amsterdam

mis ojos apagados
brillan más
que el sol

un hombre
vestido de mujer
baila
sobre su bicicleta

una gaviota
lleva en el pico
la oreja de Van Gogh

Francisco Hernández

--sbc

Thursday, January 26, 2006

Cd. de México/Newmarket, On.
Hace días que no escribe. El espacio virtual es una pantalla vacía. Puedo indagar en su cotidianidad: hijo, trabajo, casa, marido. ¿En ese orden? Hijo, casa, trabajo, marido. Quizá. Hijo, marido, trabajo, casa. Seguramente. Y yo espero sólo unas líneas ni siquiera una carta, sólo unas líneas.
El correo postal. El matasellos: Newmarket, On. 2002. La espera (im)paciente: unas líneas escritas de su puño y letra. La certeza mutua: nuestra vida pasada. El recuento de lo que ya ha dejado de ser. La memoria.
Las fotografías del hijo que crece, que sonríe y ella junto a él, el marido.
Hace días que no escribe. Puedo indagar el frío, la nieve, otro invierno. Acá, también vivo el invierno sin los centímetros de nieve, sin la tormenta de lluvia. Sólo este desolado olor de tiempo ausente. Las horas.
El espacio virtual es una pantalla vacía, impersonal, imperfecta. Hace días que no escribe.
--sbc

Wednesday, January 18, 2006

Estela

"signos y estrellas
se hunden silentes en el estanque de la tarde".
Georg Trakl

Estos días extraños: todo cambia y sigue igual
Algo se ha modificado en ti.
Sólo tu sabes qué es y me dices y me das cuenta de ello.
Estos días extraños de lluvias rasantes y cielos abiertos
empiezan a sumar tardes de silencio.

Te observo ir y venir en el vaivén de las contradicciones
"hay una luz que el viento ha extinguido", me dice Georg Trakl
entonces vuelven la lluvia, tu llanto y el silencio.

La luz de tus ojos me persigue buscando respuestas. No las tengo.
Ni una sola.
Es otro el viento que sopla. Escúchalo.

--sbc

Thursday, January 12, 2006

Mirada de mujer
a Estela Alcántara
Mi primer lectura del año es un libro de cuentos. Conforme avanzo no dejo de pensar en la mirada de mujer; en la relación visual de quien narra y de quien es observado/a. La mirada puede desnudar, poseer, irrumpir en la propia intimidad. Y esta mirada es avasalladora como su voz:
(transcribo)
"No has estado tratando, siempre, de saber qué significan, juntas en el mundo, las cosas inexplicables, las cosas terribles, las cosas dulces. No has tenido que renunciar a lo que se llama vida normal para seguir el camino de lo que no comprendes, para serle fiel. No luchaste de día y de noche, para aclararte unas palabras: tener destino".
Te sitúa justo en el borde, en el límite. Mirada de mujer, perdón, corrijo, Mujer.
(fragmento de Río subterráneo)
Inés Arredondo, Río subterráneo, México, Joaquín Mortiz, 1979.
--sbc

Wednesday, January 11, 2006

Numerología
En días pasados una amiga me hizo una observación:
--Tu número es 8, es decir, el de tu suerte.
--¿Suerte?
--Bien, recuerdas tu dirección anterior.
--¡Claro!
--Los números ¿cuáles eran?
--44 ¿y?
--Su suma da 8. Ahora vives en Ámsterdam 62. El resultado se repite. No creo que sea coincidencia.
--mmm, quizá, sólo es azul.
--¿Azul?
--Sí, mi color, en ello si creo. En "un azul hecho de azares".
--No entiendo.
--¡Vamos!, en el destino. Yo no escogí vivir ni en 44 ni en el 62. Pero, debo decir que es un privilegio vivir en la Condesa. Primero frente al parque España y luego, en esta calle tan evocativa. Es el destino. Único. Imprevisible. Y, a veces, misterioso. Me gusta el color azul como metáfora de mi vida. Y esta frase: "un azul hecho de azares", pues define mi destino, ya lo creo.
--En marzo cumplirás 35, ¿no?, otra vez 8. No cabe duda, Susy, 2006 es tu año. Un año ¿azul?
--sbc

Albedrío
El aroma del viento es de pinos frescos. Cada vez hay más frío al subir por cualquier camino que conduzca a Rioyos, Buenavista. Sitio de los ancestros de mi padre. Herencia y tradición: una casa de adobe (al centro). El maíz sobreviviendo a la globalización (al frente-por todas partes). La capilla es de la familia: Bautista. El punto de unión filial.
Ésta es la descripción de los días de invierno. ¡Ah!, me ha faltado comentar el cauce, el río que da nombre a este pueblo, y cuya belleza bautiza a quien se mira en él: Rioyos, Buenavista, estado de México. Allá me miré en su curso. Invisible. Quieto. La lectura de diciembre: Albedrío. ¡Qué delicia!
**
Escribir por escribir siguiendo un hilo invisible, taciturno e ir sacando detalles que las palabras proponen. Una escritura invisible adueñándose de todo.(...) Un azul hecho de azares.
Albedrío, Daniel Sada, 2a. edición, 2001.
--sbc

Thursday, January 05, 2006

Discreta complicidad

0. Arquitectura
1. Siglo XVIII
2. Hacienda de Santa Catarina del Arenal
3. Tercera Condesa de Miravalle: Ma. Magdalena Dávalos de Bracamontes y Orozco

¿Por qué enumerar las ideas, los datos? Al fin de cuentas (literalmente), escribo acerca de mi espacio real, el que está afuera, cito: "El arquitecto Cuevas se inspiró en el óvalo de la pista, pero no se apegó estrictamente a él. Así surgieron las bellas avenidas de Ámsterdam y México, cuyo trazo sólo es un recuerdo de aquella figura en donde se dieron cita los personajes más acaudalados e influyentes de la sociedad de principios del siglo XX, con el pretexto de presenciar las carreras de caballos en el hipódromo de la Condesa". El espacio que me habita: Ámsterdam. De manera ciclica: ir - venir. Camino todas las mañanas por ese óvalo. Y sí, desde hace cinco meses y algunos días, llegó al mismo número.

4. Ámsterdam 62
--sbc

Wednesday, December 07, 2005

William Blake y Sergio Pitol

¿Qué tienen en común ambos escritores?
En este momento, detengo mi propio cuestionamiento. Sólo sé que ambos aparecieron hoy. Primero, la poesía de Blake reunida en una selección poética en lengua inglesa; editada por The Wordsworth Poetruy Library (1994).

Fue en una de mis "escapadas" del CCU al Instituto de Investigaciones Jurídicas. Me acerqué a un mostrador ambulante de libros. Ver el nombre de uno de mis poetas predilectos fue sorpresivo como lo que aconteció después: tomé el libro y lo empecé a hojear como si las hojas fueran naipes. "London" surgió en la página 88. Sin duda, este libro me estaba destinado, ya lo creo.

Sergio Pitol y la (re)lectura de El arte de la fuga (Era, 1996):

Todo está en todas las cosas
Sí, también yo he tenido mi visión

Bastó sólo abandonar la estación ferroviaria y vislumbrar desde el vaporetto la sucesiva aparición de las fachadas a lo largo del Gran Canal para vivir la sensación de estar a un paso de la meta, de haber viajado durante años para trasponer el umbral, sin logra descifrar en qué consistiría esa meta y qué umbral había de trasponer. (...)

Este párrafo inicial también me sorprendió. En la tarde, Pitol dictó una conferencia magistral en el CCU, de donde una frase me arrebató el deseo otra vez por la escritura:

"La locura se convierte en una variante de la libertad"

Y aquí estoy sintiendo el tránsito de mi libertad, el fluir de mi escritura.

--sbc

Tuesday, December 06, 2005

Lacaracola

A finales del 2000, conocí a una joven española en casa de la familia Ordóñez. La reunión navideña a la que amablemente convocó su anfitrión el "doc" como cariñosamente nombramos (sus alumnos) al doctor José Emilio Rolando Ordóñez Cifuentes. El ambiente íntimo y cordial fue la constante de esta celebración.

Lola, de inmediato llamó mi atención por el cuestionamiento entusiasta acerca de México. Era la primera vez que pisaba tierras americanas. Su propósito: una estancia de investigación que complementaria sus estudios de doctorado en la Universidad de Valencia, España.

Sus preguntas, en un principio lógicas, me hicieron varias veces pensar mis respuestas. Sus referentes históricos y espaciales eran asombrosos.

--¿Dónde vives?
--mmm... cerca de Chapultepec --respondí apresuradamente. Luego, pensé en mis propias coordenadas. --No es el centro de la ciudad. Mmm... Hay un castillo. El castillo que lleva el mismo nombre.
--Ah, ¡claro!. Donde los Acuerdos de Paz de El Salvador se firmaron --dijo con tanta seguridad, que no me quedó otra opción que confirmar su respuesta.
--Sí. Los históricos acuerdos que pusieron fin a la guerra civil de El Salvador, se firmaron en el 1992, en esta Ciudad.

Enseguida, ella tomó en sus manos un mapa de México para señalar la ubicación de Chiapas. Aquel momento fue, sin duda, el bosquejo de un encuentro, de su destino por las tierras del sureste mexicano.

No tardo mucho en adaptarse al ritmo de la ciudad de México. La casualidad la ubicó a unas cuantos pasos de mi domilicio. Sólo había que cruzar el parque España y ahí estaba ella. De nuevo mi asombro. Ella misma se encargó de buscar hospedaje. Justo, al lado de la escuela primaria donde estudié: "Alfonso Herrera". Su cercanía me motivó lo suficiente para estar atenta en los acontecimientos presentes y pasados del país. Tenía a alguien con quien dialogar, con quien intercambiar ideas, reflexiones, propuestas acerca de lo social.

El movimiento zapatista estaba en la cúspide.Todos los jóvenes universitarios teníamos puesta la mirada en Marcos, en la comandancia, en suma, en los Zapatistas. Lola entonces iba y venía con nuevos encuentros, con nuevas reflexiones, con nuevas ideas. Se aventuró a llevar a cabo el recorrido por Nurio y permanecer alguna noche en el Aguascalientes "Espejo de agua", acá en Ciudad Universitaria. Tal vez, por aquellos días, lo que más me impresionó fue su espíritu rebelde; su capacidad para entender y discutir sin arrebatos emocionales, es decir, su capacidad para argumentar y creer en el diálogo. Su mirada siempre inteligente que tocaba no sólo la parte racional de los acontecimientos. Una mirada fina que ha apuntado al cambio, a la transformación. Ella misma es resultado de la coherencia entre el pensamiento y la práctica.

Las más de la veces, me sentí rebasada no sólo por sus conocimientos, sino por su fe en el trabajo colectivo; en la organización de la sociedad civil. Su cercanía desde entonces ha sido una guía para transitar los sinuosos caminos de la justicia social.

Llenaría el espacio virtual recapitulando cada momento que me ha compartido:

Lola y el encuentro con México
Lola y la familia Ordóñez
Lola y la UNAM
Lola y las Jornadas Lascasianas
Lola y la Ciudad de México (Xochimilco, La colonia Roma, etc.)
Lola regresó a Valencia, España
Lola se doctoró
Lola regresó a México (siempre México)
Lola y Sipaz en San Cristóbal, Chiapas
Lola y Guatemala
Lola y Honduras
Lola y Belice
Lola y Colombia
Lola y el vaivén entre el Defe y los estados
Lola y el movimiento zapatista
Lola y las Juntas de Buen Gobierno
Lola y Los caracoles
Lola y el activismo político
Lola y los derechos humanos
Lola y las comunidades indígenas mexicanas
Lola y el multiculturalismo
Lola y la amistad
Lola y el amor
Lola y la literatura, la pintura, la música
Lola y sus cuates aquí, allá, en todas partes
Lola y la libertad
Lola, la neta
Lola, la joven (siempre joven)
Lola, la rebelde
Lola, la idealista
Lola, la mágica
Lola, la conferencista
Lola, la poeta
Lola, la lectora de destinos
Lola la sin fronteras

Imágenes que transitan, que me devuelven su presencia. Debo agregar un par de objetos entrañables: el libro de fotografías de Tina Modotti, que me regaló en un cumpleaños. El libro de Manuel Rivas. Luego, la imagen de las vías de un tren. Ya una vez lo escribí: Lola de ida otra vez. Lola regresa a España, a Valencia con su familia. Allá también la esperan. Lola gracias por ser mi guía. Por el desvelo de mis miedos aquí y en Chetumal, Quintana Roo. Por todo este mapa de sueños y proyectos compartidos. Por tu lucha por y para que la diversidad, como bien, lo he aprendido no sean sinómimo de discriminación, de intoleracia e injustica.

Lola, lacaracola

--sbc

Friday, December 02, 2005

Amsterdam 62

Ricardo Datán
ingeniero civil
construyó 1928

¿Cómo llegué aquí?
¿Quiénes la habitaron?
¿Quiénes la habitan?

--sbc